sábado, 19 de noviembre de 2011

El dios Hermes/Mercurio y la masculinidad (segunda parte)

Orígenes de Hermes/Mercurio como dios fálico
Históricamente, a la llegada de los griegos a sus tierras, es probable que los lugareños ya rindieran culto a un dios de los caminos. Según W. K. C. Guthrie, los griegos probablemente encontraron a Hermes en la región de Arcadia, donde se le rendía culto como dios local y lo adoptaron. Su nombre significa "el del montón de piedras". López-Pedraza menciona que:

"Los montones de piedra se colocaban a un lado de los caminos para señalizarlos; también demarcaban los linderos entre villas, ciudades y regiones; marcas que fijaban los límites y las fronteras. Estos montones de piedras, usados para señalar los caminos y fronteras geográficas, eran también altares primitivos consagrados a Hermes. En realidad un montón de piedras es la imagen arquetipal de un dios... Hermes, "Señor de los Caminos", como llegó a conocérsele, señala también nuestros caminos y linderos psicológicos".

Y para el mitógrafo Walter Otto:

"Se cree que, en su origen, el dios Hermes no haya sido más que un protector, y que las columnas y montones de piedras, frente a las casas labriegas y a un lado de los caminos, indicaban su presencia. Pese a todos los rasgos que definen su carácter - lo paradójico del guiar y el descarriar, el dar y el quitar repentinos, la sabiduría y la socarronería, el espíritu propiciador del amor, el embrujo de la penumbra, lo sobrecogedor de la noche y la muerte- se supone que este todo heterogéneo, que es inagotable y que, de ningún modo niega la unidad de su ser, era simplemente un complejo de ideas, que se habría ido desarrollando gradualmente a partir del estilo de vida de sus adoradores, según sus deseos e inclinaciones; ideas enriquecidas por el placer de contar historias".

Aunque en la región de Arcadia se le veneraba religiosamente mediante la representación de falos de madera o de piedra, posteriormente, en casi toda Grecia, estos hermas, como así se les llamaba, se elaboraron, en su forma más sofisticada, como pilares rectangulares dotados de una cabeza y un falo erecto, que se colocaban en las puertas de las casas para invocar la protección del dios. Walter Burkertz comenta:

"...de hecho su nombre, Hermes, se deriva de él: un herma es justamente una piedra erecta, de ahí Hermáas o Hermáon. Esta interrelación tiene su explicación precisamente en la función de señal que tiene tanto el falo como la piedra".

Los caminos de la vida, las sendas que van construyendo nuestra historia personal, lo que nos define como hombres, y las relaciones que guardamos entre nuestros pares como miembros del género masculino, fueron demarcados psicológicamente en la antigüedad mediante la construcción colectiva, por aquellos caminantes que transitaban los senderos, de montículos de piedras, unas recostadas sobre otras, las hermas, como si inconscientemente se estuviera simbolizado una necesaria relación social de identificación entre los hombres:

"Los hermas se fueron acumulando por la costumbre de los caminantes de depositar una piedra sobre la masa diariamente creciente en homenaje al dios. Así fue como la fraternidad de hombres que pasaban por allí construyeron gradualmente una erección... la demarcación de límites es en sí una expresión fálica". (Monick, E.).

Para López-Pedraza estos hermas "itifálicos" (dotados de un falo erecto) son imágenes que "contienen un pronunciado elemento sexual y que expresan el aspecto sexual de Hermes... (una sexualidad que) marca, como piedras miliares, los caminos que transitamos en la vida... (una forma en) que nuestra imaginación, fantasías e imágenes sexuales participan en el comercio psicológico en las "borderlines" de nuestra psique, demarcando los reinos interior y exterior de nuestras vidas".

Cultivando a Hermes
Toda actitud tendiente a indagar en sitios inexplorados, tanto física como psíquicamente, es una forma de fluir con Hermes. Bolen asegura que "Hermes se abre a momentos de descubrimiento y de acontecimientos sincrónicos, a esas ´coincidencias´ que resultan ser significativas, sucesos ´accidentales´ imprevistos que nos conducen a algún lugar que era imposible que conociéramos; vamos allí y regresamos misteriosamente sin equivocarnos".

Hermes es, como ya hemos discutido, una expresión fálica que tiende a manifestarse con su contenido imprevisto y amoral, casi como comportándose de manera animal. Para López-Pedraza, la presencia de Hermes es una manera de conectarnos con nuestro propio primitivismo, es decir una manera de convivir con nuestros instintos y animalidad como una forma de vivenciar la realidad de nuestro ser. Según Bolen la persona que fluye con Hermes "tiende a actuar siguiendo sus impulsos, centrándose en su mente inventiva para conseguir lo que se desea". En cuanto al conocimiento interno, toda actitud que procura viajar a lo profundo de nuestro ser, dispuesta a bajar al inframundo de nuestra psique, a esos oscuros espacios para afrontar nuestros monstruos internos, debe ir de la mano de Hermes, dios mensajero y psicopompo de las almas.

A nivel social, la presencia de Hermes como deidad fálica se manifiesta principalmente en las relaciones que establecemos los hombres con nuestros pares. Según Monick "los hombres desarrollan su identidad fálica vinculándose entre sí. Aunque no todos los hombres están conscientes de su vínculo con otros hombres o cuán importante es éste para establecer la identidad masculina". Esta vinculación puede tomar forma en la participación en equipos deportivos, grupos para juegos de dominó, alianzas para la ejecución de un negocio, o simplemente el placer de conversar y compartir opiniones, expresando de manera abierta y honesta esa "verdad desnuda" de nuestras vidas, en la segura intimidad del vestuario para caballeros de los gimnasios.
A nivel sexual, Hermes es una guía para la experimentación y nos anima a cruzar fronteras en nuestras exploraciones sexuales. Entre los hombres normalmente Hermes se ha expresado ya a una edad muy temprana, por ejemplo, en las reuniones casuales de chicos para masturbarse juntos. Hermes nos hace buenos amantes, porque nos permite expresarnos espontáneamente y nos lleva a experimentar en el sexo, sin la preocupación de lo que es socialmente aceptado. 

La capacidad de guiar a otros y ofrecer de buen grado nuestra experiencia de vida es también característica de Hermes. Bolen expresa: "Cuando en una persona está presente Hermes, podrá ver los aspectos oscuro, hostil, psicótico, instintivo, sexual o agresivo, así como el altruista, místico o iluminado de la gente corriente, incluso en sí misma, sin hacer críticas".
La exploración, la aventura, los viajes, las conexiones, todas estas experiencias están bajo el influjo de Hermes. Finalicemos con las palabras de Arianna Stassinnopolous:

"Hermes ha entrado en nuestros medios, dirían los antiguos griegos cuando un repentino silencio inundaba la habitación, descendía a la conversación e introducía una nueva dimensión en la reunión. Siempre que las cosas parecen fijas, rígidas, estancadas, Hermes aporta fluidez, movimiento, nuevos comienzos y la confusión que casi siempre precede a todo inicio".

Bibliografía consultada:
Bolen, J. S. Los dioses de cada hombre.
Guthrie, W. K. C. The greeks and their gods. Londres. Univ. Paperback, Methuen. 1968.
Kerényi, K. Los dioses de los griegos.
Monick, E. Phallos. Símbolo sagrado de la masculinidad.
Otto, W. The homeric gods.
López-Pedraza, R. Hermes y sus hijos.
Stassinopoulos, A. The gods of Greece.
Villalobos, M. Hilaturas.

1 comentario:

  1. Excelente!!!!!! encontre este blog por casualidad y lo escrito ak es . . . .Fascinante!!! no encuentro otra palabra para expresar el contenido escrito aki.

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