sábado, 25 de mayo de 2013

Breve historia de la masturbación

Una historia no oficial
Pensamos que es muy buena idea, en vista de que el mes de mayo está dedicado a la masturbación, y que la masturbación masculina es un elemento esencial como herramienta de conocimiento personal y sexual, describir cómo ha sido abordada esta práctica a lo largo de la historia.

Hemos tenido acceso a ciertas fuentes de Internet sobre el tema de la masturbación en la historia, algunas al parecer mejor sustentadas que otras. El trabajo mejor documentado es quizás el de Jon Knowles, en Planned Parenthood® Federation of America, Inc., del cual parecen derivar los demás artículos. Los mercurianos nos permitimos un trabajo de síntesis y, en algunos casos, una reestructuración del contenido, descartando lo superfluo y en lo posible mejorando el discurso. Así que ofrecemos esta versión "no oficial" sobre la práctica de la masturbación a través de la historia del mundo occidental. No pretende ser un texto exhaustivo, sin embargo tiene nuestro respaldo como una primera aproximación.

Pinceladas sobre la masturbación en la historia
La masturbación, la práctica sexual más común que realiza cualquier ser humano, es una actividad que no es propia del hombre moderno, sino que su práctica es inherente a nuestra especie, junto con muchos otros animales (como los mamíferos superiores) desde su aparición en el planeta. En el Homo sapiens representa la manera más básica de descargar esa energía erótica que nos inunda constantemente y que, bien enfocada, puede representar una experiencia de crecimiento personal.
Tocarnos y estimularnos sexualmente, solo o en pareja, constituye una necesidad presente en nuestra vida diaria. La masturbación, para la mayoría de los hombres, constituyó nuestro primer acercamiento a la sexualidad en nuestros primeros años de la adolescencia, y actualmente, para la mayoría de nosotros constituye una práctica común, incluso cuando tenemos una pareja con la qué satisfacernos sexualmente.
Este comportamiento sexual, más cercano al instinto de cualquier animal, quedó plasmado, desde el comienzo de la historia humana, en diversas pinturas rupestres; luego fue objeto alabanzas o rechazos, según la manera como fue concebido. He aquí un breve resumen de la masturbación a través de la historia:

2500 a 800 años a.C. Los antiguos mitos provenientes de Mesopotamia y Egipto hacen mención del dios Apsu, el rey del agua, quien nació del océano primigenio, creándose a sí mismo por medio de saliva, lágrimas y la masturbación, y dio forma a la Vía Láctea.

El Antiguo Testamento de la Biblia judeo-cristiana, que junto con el Nuevo Testamento, es quizás el libro más influyente en la concepción de la vida del mundo occidental desde los inicios del crsitianismo, no hace ninguna mención expresa sobre la pertinencia o no del acto masturbatorio. Pero en épocas posteriores, algunos teólogos se valieron de ciertos pasajes para influir sobre las conductas sexuales de las personas, particularmente los cristianos de antes del primer milenio después de Cristo.

Siglo IV a.C. En pleno esplendor de la cultura Helénica, a excepción de los espartanos que la condenaban porque evitaba la procreación, el resto del pueblo griego consideraba a la masturbación un regalo del cielo. Aseguraban que el dios Hermes (Mercurio para los romanos) enseñó a su hijo Pan a hacerla, para que pudiera consolarse de los rechazos que le hacía la ninfa Eco. Posteriormente Pan enseñó el arte a los pastores de la Arcadia y de allí al resto del pueblo griego.
La masturbación era considerada entonces un obsequio de los inmortales, y los hombres y las mujeres la hicieron una actividad meramente personal en ambientes completamente privados, una costumbre que quiso erradicar por completo el filósofo Diógenes también llamado "el cínico", quien, estando un día en el ágora, decidió levantarse la túnica para auto complacerse delante de todo el público presente, pues pretendía enseñarle a sus seguidores que tal acto humano no puede considerarse vergonzoso y que todas las buenas prácticas deberían ser realizadas en público.

Siglo II d.C. Galeno, griego considerado el padre de la medicina, aseguraba que cuando un hombre no liberaba el semen de su organismo, este podía ser perjudicial para su salud, y precisamente ponía como ejemplo a Diógenes el cínico, a quien consideraba una persona sumamente culta, ya que llevaba una vida sexual activa y recurría a la masturbación para siempre mantenerse en buen estado.
 
Siglo V. Gracias al cristianismo la masturbación cayó en desgracia. Los primero padres de la iglesia católica condenaban cualquier acto de carácter sexual que no fuera con fines estrictamente reproductivo. Agustín de Hipona, considerado el más grande entre los padres de la Iglesia, llegó a decir que la masturbación y las relaciones sexuales sin llegar a la penetración eran pecados muchos más graves que la violación, el incesto o el adulterio, pues eran prácticas sexuales no reproductivas y por tanto, antinaturales. La fornicación, la violación, el incesto y el adulterio estaban agrupados dentro del grupo de "pecados naturales"; por el otro lado estaban el bestialismo, las prácticas homosexuales y la masturbación, agrupadas dentro de los "pecados antinaturales", por lo que eran consideradas más graves y condenables que los pecados naturales. Esta enseñanza fue transmitida a todos los pueblos cristianos de Europa.

Siglos IX al XV. La idea de considerar a la masturbación como un hecho condenable continuó durante toda la Edad Media y el Renacimiento. En el siglo XIII, el padre de la Iglesia Santo Tomás de Aquino, en su libro Summa Theologica hizo eco de los postulados de Agustín, condenando cualquier acto contranatura. Incluso el teólogo Jean Gerson (1363-1429), escribió un manual para que los sacerdotes indujeran a que los feligreses confesaran su práctica "para arrancar de sus corazones el pus de ese sucio pecado", así como determinar las penitencias a ser impuestas para quienes confesaran su culpa, las cuales iban desde un mes continuo de oración hasta la práctica del ayuno.
 
Siglo XVI. Si bien la Biblia no menciona expresamente a la masturbación, Martín Lutero hizo una interpretación errónea de un pasaje bíblico al que asoció directamente con ella. La historia de Onán, nombre que luego fue asociado a la masturbación (a esta también se la llama "onanismo" en algunos círculos, particularmente religiosos), no se refiere expresamente a esta forma de autoerotismo. Según este pasaje bíblico, Dios ordenó a Onán a fecundar a su cuñada viuda. Onán copuló con ella pero, justo antes del momento de la eyaculación, retiró su pene de la vagina de su cuñada y "derramó su simiente", lo que causó la ira de Dios y por lo tanto su muerte. Con la confusión del acto de Onán con la masturbación por Lutero, cuando en realidad se trataba de un simple "coitus interruptus", el padre de la contrarreforma la condenó de nuevo como pecado mortal, lo cual contribuyó fuertemente a estigmatizar esta práctica.

Sin embargo, Gabriel Fallopio trató de hacerle frente a las creencias, mal infundadas por la iglesia, sobre los aspectos negativos de las prácticas sexuales. Este científico, experto en anatomía, promovió una serie de ejercicios exclusivos para varones, en los que los invitaba a masturbase y jalarse con fuerza el pene para estirarlo, fortalecerlo y así aumentar su potencia para la procreación; ideas que fueron rechazadas por la mayoría de la sociedad del momento. De hecho, las "reglas penales" del Emperador Carlos V, en 1532, imponían la pena de muerte a los masturbadores, los que tenían relaciones con personas del mismo sexo y los que usaran cualquier tipo de preservativos.

Siglo XVII. El Papa Inocencio X condenó a J. Caramuel por argumentar en su “Theologia Moralis Fundamentalis” que la autoestimulación genital, en algunas circunstancias, podía ser beneficiosa para la salud, se consideraba que cualquier médico que prescribiera la masturbación como práctica terapéutica a sus pacientes estaba cometiendo pecado mortal.
En Francia, se acusó a los preceptores de Luis XIII de enseñarle a masturbarse. En este caso el mal era considerado aún mayor, pues el primer deber de un rey era dejar descendencia.

Siglo XVIII. En 1716, la obra Onnania o el abyecto pecado de la autopolución, de autor desconocido, combinó los argumentos morales y religiosos en contra de la masturbación, con el concepto médico de que la masturbación era una aberración y que su práctica causaba enfermedades y desfiguración física.
 
Décadas después, el médico Samuel Tissot publicó un libro titulado “El onanismo”, en el cual intentó describir científicamente el, en ese ya entonces harto conocido, “mal de la masturbación” y otros mitos sobre esta práctica sexual, junto con el llamado “síndrome post-masturbatorio”. Este texto contribuyó también a la opinión sesgada y abiertamente negativa hacia las prácticas masturbatorias por parte de las instituciones sociales y religiosas de su época que lo respaldaron, y el cual llegó a imprimirse hasta bien entrado el siglo XX.

Siglo XIX. Junto con los estudios de Tissot, varios libros de medicina editados más tarde, aseveraban que el aletargamiento, la locura pasiva, así como la caída del cabello e incluso la muerte, eran las consecuencias para aquellos que llegaban a masturbarse con frecuencia. La práctica de la masturbación seguiría siendo condenada, esta vez amparada bajo fundamentos supuestamente científicos, pero que no pasaban de ser simples suposiciones, para mantener los principios religiosos y morales establecidos con respecto a las prácticas sexuales de la época.

El Dr. Révéillé Parisé, en 1828, escribió: “En mi opinión, ni la peste, ni la guerra han tenido efectos tan desastrosos para la humanidad como el miserable hábito de la masturbación”. En esa misma época, en Estados Unidos surgió un movimiento en contra del autoerotismo, en donde se crearon todo tipo de artefactos para evitarlo, y se alentaba a todas las familias a espiarse mutuamente para delatar a todo aquel que en casa se masturbara, los cuales recibirían el repudio social, y podían ser encerrados en manicomios o incluso ser sometidos a la castración.
En el libro Plain Facts, el Dr. J. H. Kellogs (uno de los hermanos inventores del famoso cereal de maíz Kellogg´s Corn Flakes) expresaba que la masturbación era uno de las más peligrosas conductas sexuales, producto del ocio, las pasiones sexuales anormales, la gula, el trabajo sedentario y los alimentos excitantes e irritantes, por lo que recomendaba que para que los niños abandonaran las ganas de masturbarse debían comer cereales con leche fría en vez de caliente en el desayuno, vendarles los genitales y atarles las manos a los postes de la cama para que no se la llevaran a sus partes íntimas. Estas estrategias se diversificaron posteriormente hasta el punto de colocarles camisas de fuerza, aplicar sanguijuelas o quemar sus genitales. Incluso se llegaron a sugerir diversos artefactos como guantes de metal para las manos, o anillos con púas internas para que, cuando el pene se erectara, volviera a su estado de reposo. Ya por estos tiempos los médicos recomendaban circuncidar a los varones para evitar que estos se manipularan excesivamente los genitales al retraer el prepucio para asearse.
 
Para finales del siglo XIX y principios del XX, las ideas relacionadas con la masturbación fueron cambiando poco a poco, gracias a las posiciones bien cimentadas y sustentadas científicamente como las del Dr. Havelock Ellis, quien en 1899 publicó un libro en el que atacó a Tissot y sus seguidores. En este argumentaba:
... los conceptos erróneos de muchas autoridades médicas que se habían dejado llevar por las tradiciones, aun hasta nuestras épocas; el arma poderosa que se había puesto en manos de curanderos inescrupulosos, el sufrimiento, el horror y el remordimiento vivido en silencio por muchos miles de jóvenes inocentes e ignorantes. . . Durante los últimos cuarenta años, los esfuerzos de muchos médicos distinguidos . . . gradualmente han logrado derribar ese espectro maligno de su pedestal, y ahora . . . hasta hay una tendencia a considerar a la masturbación como normal.

Sin embargo, a pesar de la recomendación de desvirtuar a la masturbación como un acto enfermizo y cargado de pecado, Ellis advertía que, aunque la masturbación liberaba el estrés y tenía un efecto sedante, el “exceso” de masturbación producía neurastenia, que es una forma de debilidad psicológica, emocional y física generalizada.

También, según sus trabajos, Sigmund Freud, llegó a postular que masturbarse podía traer grandes beneficios a la salud del organismo, tales como aliviar el estrés y evitar enfermedades de transmisión sexual, aunque aseguraba que quien no controlara sus instintos, podría caer en la neurosis.

Siglo XX. Durante los primeros años del siglo XX la masturbación no dejó de estar influida por los prejuicios de siglos pasados. Personajes de la talla del psicólogo G. Stanley Hall o el fundador de los boy scouts, Lord Robert Baden-Powell aconsejaban evitarla a toda costa.

En 1917, Magnus Hirschfeld y Wilhelm Stekel, este último adversario de Freud, demostraron que nunca se había probado científicamente que la masturbación tuviera un efecto negativo para la salud, por lo que las investigaciones en torno a los hábitos sexuales de las personas se intensificaron. Ya entrados en las décadas de los 20 y los 30, la masturbación dejó de verse como algo dañino para el cuerpo, aunque todavía algunos psicólogos y psiquiatras creían que conducía a desequilibrios mentales.
 
Aunque por aquellos años todavía continuaba siendo un estigma en ámbitos sociales y religiosos: un estudio reveló que 9 de cada 10 menores al que se les sorprendía masturbándose eran severamente castigados, amenazados o aterrorizados por sus representantes adultos, diciéndoles que se volverían locos o ciegos, o bien que tendrían que castrarlos.

Las publicaciones científicas y los libros de divulgación tuvieron un papel fundamental en tumbar el mito de la masturbación como estigma social. Por ejemplo, libros como The Encyclopedia of Sexual Knowledge (1937), o The Encyclopedia of Sexual Knowledge (1940), advertían que tratar de impedir la masturbación con amenazas, dietas, ejercicios u otras prácticas era inútil porque la persona pasaría todo el tiempo pensando en ella, luchando contra la tentación y finalmente rindiéndose a ella, para luego sufrir remordimientos y sentimientos de culpa, con lo que el ciclo volvería a comenzar.
 
Los estudios a partir de 1940 demostraron que la manera en que los chicos en su primera adolescencia comenzaban a explorar su potencial erótico era a través de la manipulación del pene. Este también revelaba que la mayoría se enteró de la masturbación gracias a otros jóvenes o adultos, y la mitad admitió haberla experimentado en sesiones de masturbación colectiva.
 
La percepción de que la masturbación no era una práctica enfermiza terminó de esfumarse debido a la publicación hecha por Alfred Kinsey, de sus investigaciones sobre la conducta sexual de los seres humanos, la cual llevó a cabo por casi 15 años. En ellas pudo demostrar que el masturbarse era algo normal y natural, que el 97% de los hombres y el 62% de las mujeres que participaron en el experimento aceptaron haberlo hecho por lo menos una vez en la vida.

Ante tales declaraciones, Kinsey fue perseguido, tanto por líderes religiosos como políticos, que creían que todo era parte de una conspiración, a tal grado que se le retiraron todo tipo de fondos para proseguir con sus labores; sin embargo, las investigaciones sobre este tema continuaron.

En 1969, Wardell Pomeroy, colega de Kinsey, expresaba en un libro dedicado a los jóvenes de ambos sexos en relación a su sexualidad:
... no puede causar ningún daño físico, contrariamente a otras creencias, sin importar la frecuencia con que se practica... La masturbación es una experiencia placentera y excitante... permite liberar tensiones y por lo tanto es valiosa en muchos sentidos... representa un escape para la fantasía y para la ensoñación que son características de la adolescencia... Por sí misma ofrece una variedad que enriquece la vida sexual del individuo... No sólo no es dañina sino que es positivamente beneficiosa y saludable y debe ser alentada porque ayuda a los jóvenes a crecer sexualmente de forma natural.
Ya para la década de los 70, prácticamente ningún estudiante universitario creía que la masturbación originara algún problema físico o mental. Pasado el medio siglo, la posición médica y científica respecto a esta práctica como una actividad normal en el ser humano siguió teniendo resistencias, particularmente en los medios religiosos.

En 1976, el Vaticano publicó el documento Declaration on Certain Questions Concerning Sexual Ethics, el cual hacía eco de declaraciones de la Congregación Católica Romana para la Doctrina de la Fe, en la que expresaba que la masturbación constituía un grave problema moral que contradecía las enseñanzas y las prácticas de la Iglesia Católica y que representa un desorden intrínseco serio, también sentenciaba que "cualquiera sean las motivaciones para actuar de esta manera, el uso deliberado de las facultades sexuales fuera de la relación marital esencialmente contradice los fines de tal facultad".
En 1994, un grupo de investigadores concluyeron que la mitad de las mujeres y hombres adultos que se masturban se sienten culpables por hacerlo, lo que demuestra que los antiguos estigmas contra la masturbación aún están vivos y afectan por igual a mujeres y hombres. Otro estudio del año 2000 concluyó que muchos jóvenes adolescentes todavía sienten miedo de admitir que se masturban.
 
No es de extrañar que ya avanzado el siglo XXI, las ideas en torno a la masturbación sigan en conflicto. Si bien los medios de comunicación de masas, como la literatura de divulgación científica y el internet, han promovido los alcances beneficiosos de las prácticas masturbatorias, en algunos casos también se ha difundido su condena, particularmente asociados a ideas moralistas ortodoxas.

Fuentes consultadas:

2 comentarios:

  1. la masturbación es necesaria, sin ella la vida sería muy dificil.

    ResponderEliminar
  2. Es uno de los detalles más ricos de la vida!!!

    ResponderEliminar

Valoramos la tolerancia a la diversidad de opiniones. Agradecemos tus comentarios respetuosos, asertivos y constructivos