lunes, 12 de agosto de 2013

El falo y la psicología masculina I

Un hombre pegado a un pene
Un adolescente se levanta una mañana y nota que ha tenido un sueño húmedo. Su pene aun sigue erecto como queriendo ser estimulado de nuevo y el chico, sin más, se concede unos minutos extra en la cama y se masturba para acabar por segunda vez... En el transcurso de un importante seminario, un ingeniero muy inteligente, pasados los cuarenta, se dirige desde el estrado a una audiencia de cerca de cien personas que asisten a enriquecerse de su interesante discurso. De repente, el hombre siente que su miembro se comienza a erectar, no a causa de ningún estímulo sexual, es simplemente una erección espontánea que pone a su dueño en la difícil situación de creer que todo el mundo se dará cuenta de ella, y al no poder ocultarla fácilmente, su mente divaga por segundos sin poder concentrarse en lo que está exponiendo... En los vestidores de un gimnasio, un hombre joven, apenas pasados los treinta, decide tomar unos minutos para relajarse en el vapor. Se desnuda y entra en el recinto donde están ya unas cuantas personas. Al poco rato, quizás a causa del ambiente cálido y húmedo, el joven comienza a erectarse y este intenta pensar en cosas desagradables para evitar un "levantamiento completo del mástil", el cual, al ser infructuoso, da lugar a la angustia de que los otros lo vean erecto y puedan juzgarlo como un morboso o un degenerado... Un hombre joven, casado y con hijos, está en la playa con su familia. Tendido en la arena, sus ojos dan una barrida general a la gente que, junto con ellos, pasan un día de vacaciones. De pronto se detiene a mirar a una chica en bikini con un cuerpo espectacular que camina por la orilla como si viniera hacia donde esta él. En ese instante su pene comienza a ponerse en "modo de combate" y su angustia es que pueda notarse algo debajo de su traje de baño, teniendo justo a su mujer al lado... Llega el final de la tarde de un viernes y un padre de familia, después de una semana llena de compromisos laborales, vuelve por fin a su casa fantaseando con hacerle el amor a su esposa al llegar: un sexo intenso, apasionado y hasta salvaje. Su mente divaga con fantasías teniendo sexo en la sala, el baño o la habitación y su pene está ya durísimo y segregando líquido preseminal. Cuando llega a casa, irrumpe donde está su esposa, la abraza, la estimula con besos y toques en sus pechos y sus nalgas, y al momento de desnudarse para el sexo, su pene se ha puesto flácido y por más estímulo de ambos, no hay manera de que se erecte de nuevo...



Estas situaciones, u otras similares, las hemos vivido los hombres, una o varias veces, a lo largo de nuestra vida. Algunas veces podemos llegar a creer que en nuestro interior reside un ser que se comporta justo al contrario de lo que es socialmente correcto. Este "ente" domina, por sobre todo, los comportamientos de nuestro pene: el cual, en un momento determinado, se encuentra flácido, descansando apaciblemente dentro de nuestros calzoncillos, y al instante siguiente se yergue hasta que se marca notablemente debajo de nuestros pantalones. Las sensaciones que sentimos al experimentar una erección son tan placenteras y estimulantes que algunos hombres se ven en la necesidad de masturbarse todos los días. Cuando la imaginación se abre paso a eróticas fantasías, ahí mismo nuestro pene hace notar su presencia: las erecciones son difíciles de ocultar, están generalmente fuera de nuestro control. Definitivamente podríamos decir que, en algunos momentos de nuestra vida, nos hemos sentido simplemente como "un hombre pegado a un pene".



Ya hemos dedicado anteriormente un artículo (en dos partes) al tema del falo desde el punto de vista arquetípico y sus connotaciones como hecho trascendente en la vida de los hombres. De tal artículo "El falo como experiencia religiosa" podemos resumir algunas cosas: 
  • El falo se lo concibe, en su aspecto físico, como el pene en estado de erección; no es nunca un pene flácido.
  • El falo se manifiesta independiente de la mente consciente y racional de su dueño.
  • El comportamiento del falo es siempre "amoral": no respeta lugares, momentos ni prejuicios éticos o morales.
  • La naturaleza del falo es siempre instintiva, animal, salvaje, primordial, generadora, creativa.
  • El falo busca siempre exhibirse, a veces de forma aparatosa o grotesca; está asociado con los genitales externos del hombre.
  • El falo es esencialmente perforador, perturbador, atrevido, penetrante.
  • El falo es por naturaleza una condición netamente masculina y por lo tanto se expresa en su total magnitud solo en los hombres. 
Pero establezcamos desde ya la distinción entre pene y falo. Para el psiquiatra Anthony Clare, de su libro "Hombres, la masculinidad en crisis": 

"Pene es un término anatómico que se refiere al órgano procreador masculino. Falo es un término antropológico relacionado con su imagen.  El pene es un órgano con funciones biológicas, el falo es un concepto venerado en diversas religiones como un símbolo del poder masculino. Fálico no solo se refiere al pene, sino que incorpora nociones de potencia, virilidad, hombría, fuerza y poder. Se le ha considerado el signo de los signos, la marca que determina la posición del individuo como hombre y le confiere autoridad, control y dominio".



A continuación quisiera exponer un artículo que el psicólogo jungiano Rober Stein escribiera hace mas de 20 años. Este escrito puede darnos más luces sobre la naturaleza del falo y su orientación típicamente dentro de la psique de los hombres. El artículo fue escrito como un solo texto corrido, pero yo quise dividirlo según los distintos tópicos que trata, para lo cual coloqué subtítulos con ideas arbitrarias asociadas a los temas tratados:

El falo y la psicología masculina
por Robert M. Stein

En mi pene reside un espíritu fálico
Lo masculino y lo femenino son cualidades de la personalidad humana comunes a ambos sexos. Pero, mientras que la naturaleza de la mujer tiende a emerger a partir de un espíritu uterino, la del hombre tiende a estar arraigada en un espíritu fálico.

Este espíritu fálico, como el pene mismo (su contraparte física), funciona de manera autónoma, independiente del control de la mente racional. Aunque aparentemente el pene puede ser manipulado para que actúe, sin duda tiene una voluntad propia capaz de resistir todas las argucias de la mente racional (es decir, del ego). Además, los hombres que suelen emplear el ego para controlar las reacciones del pene, lo consiguen a costa de diversos grados de desapego insensible que, a la larga, hace que el espíritu fálico que reside en el pene responda causando algún tipo de impotencia psicológica o fisiológica. Obviamente, el control del ego sobre el pene es mínimo y de duración limitada, aún cuando la actitud y la relación del ego respecto al pene pueda causar cambios profundos en las reacciones de este órgano primario de la sexualidad masculina.

La afluencia repentina e incontrolable de sangre en el pene, que le hace erguirse erecto, es un gran misterio. El deseo que hay tras ello puede ser amor por otra persona, o también pura lujuria o deseo de poder sobre otro, o bien una mezcla de todos estos elementos. A menudo el pene se excita por fantasías sexuales que no tienen relación con ninguna persona concreta. Y a veces ocurre una erección repentina sin ninguna relación con el deseo sexual, lo que sugiere que la irrupción fálica de energía en el pene trasciende el impulso sexual.



Naturaleza del dios fálico
Si aceptamos la idea de que el pene es un órgano que se halla especialmente bajo la influencia del espíritu fálico, podemos deducir algo acerca de la naturaleza de este dios: Falo. Reconoceremos, sobre todo, su cualidad esencialmente impredecible. En la experiencia, parece manifestarse como una afluencia o empuje repentino y poderoso que viene del interior, fluyendo rápidamente con el deseo para contactar con otro objeto, ya sea una idea, una imagen, otra persona o un objeto inanimado. Mientras que el deseo del espíritu femenino, Útero, es ser penetrado, recibir y abrazar, el deseo de Falo es siempre ir hacia la penetración en ámbitos incluso desconocidos. Por tanto, Falo es fundamental en toda iniciativa humana. Sin él podemos ser movidos, pero no podemos mover. Todo aquel que teme salir de estructuras viejas y estables hacia áreas nuevas, desconocidas y aún sin formar, temerá el influjo repentino e irracional de Falo; de ahí la relación adecuada con este espíritu para el cambio y el desarrollo psicológico. A la vez, Falo es un espíritu que siempre se mueve: curioso, impulsivo, explosivo, atrevido pero incapaz de compromiso; rebosante de la energía de su propio poder y listo para usarlo contra todo lo que se ponga en su camino, despreocupado de cuidar y nutrir las relaciones humanas a menos que Eros lo atempere y lo contenga. Cuando las mujeres se quejan de que a los hombres sólo les interesa lo que hay bajo sus bragas y no cuidan la relación, en realidad están hablando de Falo. Cuando una madre es incapaz de habérselas con la actividad constante, las ganas de jugar y las exigencias de su hijo, a menudo padece una mala relación con Falo.



Recuerdo una joven madre que tenía muchas dificultades con su hijo revoltoso; soñó que su hijo zigzagueaba y rebotaba por las paredes de su habitación con tal velocidad que ella tenía que agacharse para no ser golpeada. De repente él se convirtió en un enorme Falo y ella despertó aterrorizada. Obviamente, esta mujer tenía una mala relación con Falo. La relación de un niño con la raíz fálica de su naturaleza masculina se verá muy influida a por una madre tan temerosa y tan crítica ante la masculinidad esencial.

Relaciones entre Eros y Falo
Eros (el amor) y el Falo a menudo son difíciles de distinguir porque ambos son fuerzas vitales fundamentalmente activas e iniciadoras. Ambos viven como una fuerza que nos lleva de donde estamos hacia otro objeto o persona. Según la mitología griega, la diosa del amor, Afrodita, nació de la espuma del mar, que no era otra cosa que el semen que cayó en las aguas a partir de los genitales cortados del dios cielo, Urano. Sin duda, hay una estrecha relación entre Falo y el amor. Tal vez Falo es la fuente primaria de la energía que hay en cada emoción que motiva al hombre a moverse, actuar, iniciar. Dado que el amor es primariamente un gran movimiento hacia la unión con otro, también él debe tener su raíz en Falo.



Sin embargo, Eros y Falo no son idénticos. ¿En qué se distinguen? Quizás es que el amor es siempre un deseo de fundirse, unir, mientras que Falo es primariamente un deseo de penetrar y explorar. Además, el amor siempre despierta un gran interés por conservar la belleza e integridad del otro, mientras que Falo carece de tal interés; en su forma pura tiende a "violar" (irrumpir violentamente) y en última instancia puede destruir el objeto de su fascinación.

1 comentario:

  1. Excelente articulo, la relacion entre el Falo y Eros me lleva a ver su conexión con los chakras. El Falo es el chakra 1: el de la creacion que vincula la enerigia que tomamos del universo con lo material y la fuerza creadora que del ser para materializar inclusive la vida. Luego, el unico chakra que puede controlarlo es el 3, ubicado en el plexo solar que controla las emociones mas profundas e inclusive activa la energia kundalini para dirigirla correctamente al chakra 4 q es el del corazón y por ende el del amor. Para mi Eros es chakra 3, y no 4 (que aunque el ultimo es el del amor, no controla al 1 como lo hace el 3). Gracias por tu ensayo, felicitaciones

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