sábado, 2 de julio de 2011

El puber: despertar de la masculinidad

La identidad de
género en la niñez
La identidad de género, es decir, el ser conscientes de que pertenecemos al género masculino (o femenino en el caso de las féminas) es un hecho que ocurre a mediados de la etapa de la niñez.

En realidad, saber que somos chicos es un asunto social que se nos recalca desde la niñez: los mayores nos afirman constantemente que somos varones. Así que nos visten con ropas de niño, nos regalan juguetes típicos de niños y nos obligan a comportarnos como se comportan los varones. Por lo tanto, se nos afirma que somos varones y nosotros, en esa etapa, lo aceptamos sin discutir. Aunque tenemos evidencias de que es así (todos los niños tienen un pene, al igual que nuestros padres y hermanos mayores), tenemos una identificación con lo masculino porque es lo que se nos ha dicho, pero no necesariamente porque lo sentimos como tal. ¿El porqué?, simplemente porque nuestro cuerpo no ha empezado a generar la hormona del hombre: la testosterona.

La pubertad, o las aventuras de un chico con su mejor amigo
El siguiente video hace un recorrido por la pubertad, desde nuestro despertar a la sexualidad, con la producción de testosterona, pasando por los comportamientos sociales, la excitación sexual que se despierta por otras personas y finalmente nuestra idea de que, en pleno desarrollo de nuestras potencialidades principalmente físicas, nos creemos inmortales.

El inicio de la pubertad despierta el deseo de tocar y ser tocado. Y el primero en tener este privilegio es nuestro mejor amigo, nuestro pene. En algunos casos pasamos horas retraídos en nuestra habitación o en el baño experimentando con él. La conciencia de que tenemos un pene que nos exige atención, que no mide lugar ni momento para pasar a la erección, nos hace conscientes de que él nos pertenece aunque a veces somos nosotros los que cedemos a los dictados de sus deseos. Simplemente caemos rendidos ante la fascinación de lo fálico y su energía vibrantemente sexual.

Y comienzan las sesiones de masturbación en solitario y los sueños húmedos. Al principio no hay otra atención sino para nuestro amigo, pero también la conciencia de que pertenecemos a un grupo, al clan de los hombres, los que llevan un pene entre las piernas, distinto del grupo de las mujeres. Porque, además, nuestros cuerpos empiezan a desarrollarse de manera distinta del de las chicas: los vellos corporales en la cara, el pecho o las piernas, el desarrollo de la fuerza física, la voz ronca, y un paquete a veces inconveniente que se dibuja bajo nuestros trajes de baño o shorts de deporte. Para algunos, los juegos solitarios pueden convertirse en sesiones de masturbación colectiva ocasional que nos mantienen embobados cuando descubrimos las revistas o videos porno del hermano mayor de nuestro amigo de colegio, y nuestros penes se erectan a reventar viendo escenas de sexo que apenas entendemos.

¿Podemos recordar cuándo nos hicimos conscientes de nuestra relación con lo fálico?, ¿de qué manera establecimos esa relación con nuestro pene? ¿Cuándo fue que tomamos conciencia de nuestra masculinidad y la pertenencia al género masculino? ¿Continuamos bajo la fascinación de lo fálico?, ¿bajo qué aspectos? Las experiencias pueden ser únicas y fascinantes. ¿Las compartirías con nosotros?

2 comentarios:

  1. En lo personal yo comence a experimentar con mi pene mucho antes de entrar a la pubertad, tanto así que masturbándome duraba mucho, hasta sentir que acababa, pero sin botar ni una gota de semen. Imagino que la ausencia del mismo estaba asociada a la ausencia de hormonas que lo producían, ya que la pubertad aun no había llegado. ¡Que tiempos aquellos! No como ahora donde, supongo yo, por tanto masturbarme, ahora eyaculo super rapido. "El hombre del minuto" se queda perplejo al lado mío. Esa es una de las razones por las cuales mi preferencia es actuar como pasivo, de ese modo escondo esta debilidad. Por otro lado, la mayorííía de las veces después de acabar al masturbarme, experimentaba un sentimiento de culpa inexplicable. ¡No tengo idea de por qué sentía eso al finalizar! Y además, varias veces fui descubierto en pleno apogeo por mi madre. ¡Que vergüenza! Jeje. Exelente tema. Un abrazo a todos.

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  2. Creo que muchos de nosotros ya estábamos familiarizados con las sensaciones placenteras que producía manipular nuestro pene cuando éramos niños. Yo igual, a una edad incierta, quizás entre los 8 y los 11 años me masturbaba sin llegar a eyacular. Admito que ese acto se volvió adictivo. Y cuando por primera vez eyaculé, como a los 12 años, casi que me da un infarto porque pensé que de tanto darle al "amigo" lo había roto je je je.... Mi hermano luego me aclaró de qué se trataba y Uff!! ¡que alivio!
    Mi conciencia con lo masculino fue tal como dice el artículo: al bañarme con mi hermano o con mis primos, siendo niños, todos entendíamos que éramos varones porque teníamos "pipí", a diferencia de nuestras hermanas. Pero puedo decir que mi primera experiencia por lo fálico lo viví cuando tenía quizás como 11 años, en una excursión scout: Estábamos en la isla La Orchila (una isla militar en el Caribe venezolano), acampando y un compañero de mi misma edad y yo nos levantamos más temprano que el resto de los chicos de la "manada" (en ese momento éramos "lobatos"), nos fuimos a los baños y cuando entramos vemos un soldado, completamente desnudo, afeitándose frente al espejo del lavamanos. Estaba de espalda a nosotros y lo que pudimos ver entre las piernas semiabiertas fue un par de bolas que colgaban muy abajo. Nosotros fuimos a las duchas y abrimos el grifo para bañarnos. Entonces el soldado nos dice que no abramos las duchas porque se le iba el agua a su lavamanos. Y cuando camina hacia nosotros, lo que nos impresionó fue su larga y gruesa herramienta balanceándose de aquí para allá. Je je... fue un descubrimiento muy significativo porque, cuando el soldado volvió a su quehacer del afeitado, nosotros abrimos de nuevo el grifo, solamente para ver al tipo volver a cerrarlo y nosotros contemplar de nuevo aquello. Por supuesto que la comparación no se hizo esperar. Los tres desnudos en el baño y un falo adulto (no en erección) haciendo su epifanía en aquel recinto.
    Y como el amigo anónimo del comentario anterior, varias veces fui sorprendido por mi padre y por la señora de servicio masturbándome. Mis padres me descubrieron un par de revistas Playboy y las desaparecieron. Y mi madre o la señora de limpieza deben haber notado más de una vez las sábanas, mis interiores o mi pijamas manchados de semene. Pero nunca dijeron nada je je. Saludos.

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