domingo, 24 de marzo de 2013

El gimnasio y el culto al cuerpo masculino en la antigua Grecia

Antecedentes de la actividad atlética y deportiva
Es posible aseverar que las motivaciones de las actividades atléticas y la cultura física, que en el transcurso del tiempo histórico devino en las prácticas deportivas, tuvieron sus antecedentes, muy posiblemente, en los rituales previos a las luchas o el emular la guerra de los dioses contra los poderes del mal entre las tribus primitivas; o incluso como una manera de canalizar, de alguna manera, las necesidades de los hombres de expresar su carácter violento y competitivo. 
Los antropólogos deducen que en el momento de la competencia, particularmente en los deportes de grupo, se emula la lucha entre dos tribus o clanes; pero en este caso, el enfrentamiento entre los bandos se realiza gracias al acatamiento estricto y consensuado de ciertas reglas. A diferencia de la guerra ancestral entre dos facciones, donde los vencidos son exterminados o sometidos a la sumisión e incluso a la esclavitud, en la competencia deportiva se reconoce la supremacía técnica del trabajo de equipo del vencedor y los honores se difunden como una energía contagiosa entre los pertenecientes al grupo social de donde provino el equipo deportivo; por su lado, el equipo vencido se lo trata con los honores propios de un contendor de altura y calidad técnica, sin cuyo encuentro no hubiera tenido lugar la victoria. A nivel fisiológico se ha comprobado un aumento en los niveles de testosterona de los ganadores, efecto contrario entre los vencidos.

Para Stump, Cozens y Dunlap (1975), los deportes entre sociedades ancestrales como la de los maoríes, los fidjis o los samoanos se vinculan a:
  1.         Entrenamiento para guerras y contiendas
  2.         Desarrollo de habilidades especificas
  3.         Ser eficaces en el sostenimiento de reglas
  4.         Cubrir recreaciones personales y sociales
  5.         Promover la comunicación, la lealtad y la solidaridad de las tribus
  6.         Sublimar actividades competitivas agresivas para mantener el equilibrio social
  7.         Sostener la salud y la confianza en sí mismo
  8.         Fomentar lo placentero y la alegría del vivir
  9.         Mostrar el arte que deviene del cuerpo en movimiento
  10.         Educar a los más pequeños y a los jóvenes
  11.         Sostener tradiciones
  12.         Mantener y mejorar las pautas morales
  13.        Obtener honores y consideraciones por parte de la comunidad a la que pertenecen y a otras
  14.        Servir para el ingreso a la edad adulta, entendiendo a ciertos deportes como ritos de iniciación o ante nacimientos, casamientos o muertes
  15.        Propiciar a los dioses
  16.        Mantener el honor de la nación
  17.        Acceder a experiencias mítico-ascéticas
  18.        Honrar a los más viejos y recordar a los ancestros

Históricamente quizás la civilización que más desarrolló la idea de la competencia deportiva, para lo que requerían de una estricta formación física y atlética, fue Grecia: los jóvenes se preparaban durante buena parte del año para luego competir y representar a sus respectivos pueblos en diversas categorías deportivas. Las distintas ciudades estado, independientes unas de otras en cuanto a su sistema legal y civil, se identificaban como un conjunto de pueblos típicamente griegos en estas competencias, donde no estaban invitados pueblos con otras costumbres u otras lenguas.

Entre los juegos más famosos en la antigua Grecia estaban los juegos olímpicos de Olimpia y los juegos pitios de Delfos (que se celebraban cada cuatro años), o los juegos nemeos de Argolis y los ítsmicos de Corinto (que tenían lugar cada dos años). Esta clase de competencias, para rendir culto a los dioses del panteón griego, eran tan importantes que las guerras se dejaban de lado durante el tiempo en que duraban los juegos.

El gimnasio y la palestra en la antigua Grecia
Es obvia la tremenda admiración que los griegos de la antigüedad profesaban al cuerpo humano, particularmente reflejada en la perfección de su estatuaria de dioses y héroes. Este culto a la corporalidad necesitó de una dedicación especial para ejercitarla y cultivarla, y para ello, las ciudades estados se apoyaron en el soporte que les brindaron sus gimnasios.


El gimnasio fue el recinto, así como la institución creada sobre él, dedicada a la instrucción principalmente física, pero también espiritual de sus niños y jóvenes varones. Era la instalación típica de entrenamiento de los atletas en su preparación para los juegos públicos a la que solamente podían asistir y participar los hombres libres de la ciudad estando las mujeres totalmente excluidas. Algunos de los deportes que se efectuaban en el gimnasio eran: carrera, lanzamiento de disco, salto de longitud, lucha, pancracio y pugilato.

El gimnasio posteriormente evolucionó y se diversificó en un recinto que, además de ser utilizado para ejercitarse, servía como baño comunal, centro de estudios y punto de reunión para filósofos y pensadores. Se utilizó incluso como un espacio para socializar entre hombres y para la reunión de grupos de jóvenes y adultos con ideas comunes.


Por su parte, la palestra era la escuela y el recinto de lucha y boxeo de la antigua Grecia, el tipo de deporte más cotizado por los griegos porque además acondicionaba físicamente a los hombres para el arte de la guerra. La palestra podía funcionar independientemente o como parte de los gimnasios públicos. Una palestra podía funcionar sin pertenecer a un gimnasio, pero ningún gimnasio podía existir sin tener una palestra. Estos centros de entrenamiento: el gimnasio y la palestra, estaban bajo la protección de dioses o héroes especiales, como Hermes, Heracles o Teseo.

Etimología de la palabra gimnasio
A pesar de las connotaciones que actualmente tiene el gimnasio, asociadas principalmente al recinto donde se realizan actividades que tienen relación con la ejercitación física y el cultivo del cuerpo, la palabra proviene del latín gimnasium, que a su vez deriva del vocablo griego gymnasion, palabra con la que se designaban las actividades y el sitio donde se entrenaban los jóvenes en la antigua Grecia.


Gymnasion tiene a su vez, como raíz, la palabra gymnos (γυμνός), cuyo significado literal es "desnudez", pero está también relacionado con el verbo gymnazein, cuya acepción particular es "hacer ejercicio físico". Este verbo tenía este significado porque era natural y obvio, en aquella época, que para ejercitarse físicamente había que hacerlo desnudo, una práctica que, además, daba mayor realce a la belleza de la figura masculina, aparte de que representaba un tributo a los dioses. Además, según algunos expertos, se piensa que este comportamiento de realizar el entrenamiento y las competencias deportivas en completa desnudez, derivó de las antiguas iniciaciones de los jóvenes a la etapa adulta.

Una tradición basada en el culto a la belleza masculina
Desde sus inicios, la vida del gimnasio giraba en torno a la preparación de los jóvenes libres para las distintas pruebas atléticas, como parte esencial de las costumbres sociales y espirituales del pueblo griego. Estas pruebas eran realizadas en fechas específicas del año, en varias ciudades-estado, como tributo a sus dioses y héroes, o también como parte de rituales fúnebres en honor de personas eminentes. Los campeones de tales celebraciones no eran premiados con dinero, joyas ni trofeos materiales, suficiente recompensa constituía el honor y el respeto de los ciudadanos de los pueblos a los que ellos representaban, y su triunfo era en realidad percibido como el triunfo de toda la ciudad-estado.

La costumbre de ejercitarse y competir en la completa desnudez tuvo sus inicios al parecer en el siglo VII a.C., una costumbre al parecer espartana, con fuertes rasgos de erotización de la anatomía masculina. Esta admiración por el cuerpo desnudo, especialmente el masculino, adquirió niveles de culto, y el gimnasio era su templo. El cuerpo definido y musculosamente trabajado de los atletas, era exhibido en todo su magnificente esplendor dentro del recinto. Los jóvenes atletas acostumbraban a aceitarse el cuerpo para lucir su piel brillante y definida en pleno día; una práctica bastante costosa para el gimnasio y en la que se invertía la mayor parte de sus fondos.

Esta fascinación por la estructura corporal masculina estuvo muy asociada con la introducción de la pederastía como institución: una compleja práctica social entre hombres, en la que los jóvenes adolescentes recibían los favores, la instrucción y el mecenazgo de los adultos; una tradición igualmente espartana que se difundió rápidamente en el resto de las ciudades-estado griegas.

Estructura arquitectónica al servicio de la salud
En un principio, los primeros gimnasios fueron simples áreas de terreno, una sencilla ágora (especie de plaza abierta), debidamente zonificada para la práctica de las diferentes disciplinas físicas. Estas quedaban normalmente fuera de los muros de la ciudad debido al gran espacio que se requería para las prácticas físicas. Posteriormente se construyeron alrededor estructuras arquitectónicas más sofisticadas, hasta llegar a salas cubiertas, exedras, pasillos y pórticos columnados, baños y zonas para practicar con clima adverso.

Ya en la época clásica, los gimnasios podían contar con las siguientes dependencias:
  • el epistasion (sala de vigilantes)
  • el apodytérion (vestuario)
  • el loutrón (sala para lavarse)
  • el konisteion y el alipterion (donde los atletas se embadurnaban el cuerpo con polvos, aceites o esencias)
  • el sphairisterion (donde se practicaba el juego de pelota y el pugilismo)
  • el korykeion (para entrenarse con un pesado saco de arena)
  • el pyraterion (baño con agua caliente y vapor)
  • el propnigeion (sala para calentar el agua)
  • el xustós (pista cubierta con pórticos, bajo los cuales los atletas se ejercitaban en invierno)
  • la paradromis (pista descubierta)
Además, era prácticamente obligatoria una palestra propiamente dicha, en donde se ejercitaban en la lucha y el pugilato, también grandes alamedas con terreno natural para las carreras, el gramateo o lugar en donde se conservaban los archivos atléticos y el efebo, donde los jóvenes iban por la mañana para ejercitarse al abrigo de las miradas del público.

Vida y costumbres alrededor de los gimnasios de Atenas
Al igual que la mayoría de las más importantes ciudades de Grecia, los gimnasios estaban ubicados en las afueras del poblado, normalmente cerca de una arboleda, lo que brindaba un ambiente fresco para el ejercicio físico y otras actividades. En Atenas existían tres grandes gimnasios:
  1. La Academia, que inicialmente fue un terreno pantanoso;
  2. El Liceo, situado en las márgenes del río Iliso;
  3. El Cinosargo, situado en la colina del mismo nombre.


Las responsabilidades propias de los gimnasio atenienses recaía en diez personas, los gimnasiarcas, elegidos de entre las diez familias principales de la ciudad y que eran remplazados anualmente; cargos de mucho prestigio en la época clásica griega. Entre sus tareas estaban:
  • mantener y decorar los recintos del gimnasio,
  • asegurar el entrenamiento y la motivación de los atletas para las competencias anuales, y
  • coordinar los juegos atenienses.
A los niños y jóvenes se los agrupaba según rangos de edades y eran entrenados de acuerdo a sus capacidades. Los paedrotribae (pedotribas), y los gymnastae eran los adultos responsables de enseñar las técnicas de las distintas disciplinas atléticas, así como de elegir los ejercicios adecuados conforme a la edad de los chicos. Los gymnastae también eran responsables de monitorear la salud de sus pupilos. Otro grupo de adultos con conocimientos médicos, los aleiptae, aceitaban el cuerpo de los jóvenes a la vez que administraban cualquier medicamento prescrito ante cualquier quebranto en la salud.
El gimnasio como centro de la cultura física, el saber y las artes
Los gimnasios de la antigüedad griega pronto se transformaron en más que espacios donde se realizaban ejercicios. Con el avance arquitectónico, pasaron a ser edificaciones muy sofisticadas, con columnatas, recintos, puertas y paredes pintadas, y la vida social masculina comenzó a diversificarse. Este desarrollo se dio por la estrecha relación que los griegos establecían entre el atletismo, la educación y la salud: el entrenamiento físico y la conservación de la salud y la fuerza eran partes sustanciales de la educación de los jóvenes.

Salvo el tiempo dedicado a las letras y la música, que podía impartirse en otras partes de la ciudad, la instrucción de los niños se daba mayormente en el gimnasio, donde también se les inculcaban bases de moral y ética. Los filósofos, sofistas y retóricos se daban cita allí con sus discípulos, muchos de los cuales podían ser también atletas, para sostener discusiones y realizar lecturas de discursos.

Un espacio para exaltar la belleza del cuerpo masculino
Son muchas las opiniones, algunas en franca pugna, sobre las comparaciones entre las costumbres particulares de los griegos antiguos y las sociedades modernas. En relación con el tema de este artículo, la aparente obsesión, rayana en culto, por el cuerpo humano, fijó las normas estéticas de la corporalidad que, en el caso del hombre, han perdurado hasta nuestros días. Sin embargo, algunos críticos modernos, opinan que este comportamiento de los griegos respecto a la desnudez rayaba en el exhibicionismo y la vanidad propia de esa cultura. Esta es, en mi opinión, una crítica muy sesgada en relación con las prácticas sociales de este u otros pueblos de épocas históricas: la visión del hombre occidental moderno está fuertemente influenciada por siglos de adoctrinamiento judeo-cristiano, donde la simple exhibición del cuerpo se ha considerado una práctica pecaminosa de entrada. En opinión de los griegos de la antigüedad clásica "solo los bárbaros temen mostrar sus cuerpos".

Lo que para el hombre moderno podría considerarse un exhibicionismo, para el griego antiguo era simplemente una forma de mostrarse ante los demás en su más natural corporalidad, una exhibición, con orgullo, de sus atributos masculinos; hecho que, sin ningún sentimiento de pena o pecado, suscitaba de manera natural la admiración de otros hombres. Mostrarse desnudos no fue algo que realmente los preocupara sobremanera, la desnudez formaba parte de un patrón comportamental que les permitía relacionarse socialmente, particularmente entre hombres. Esta acreditación se ve reflejada en la inmensa mayoría de la estatutaria masculina griega, donde se representa a los dioses y héroes desnudos o con atuendos que los acercan más bien a la desnudez porque destaca su corporalidad. Para los griegos, los hombres corporalmente bien formados, gracias al entrenamiento arduo en el gimnasio, imitaban la belleza divina de sus dioses.
 



viernes, 14 de diciembre de 2012

Ese extraño gusto por andar rueda libre

"Rueda libre", una manifestación social clandestina
Andar rueda libre (en inglés freeballing) hace referencia a la costumbre, principalmente masculina, de no cargar ropa interior debajo de la vestimenta diaria. La definición en inglés es más que clara porque alude directamente al hecho de que, cuando no se cargan interiores las bolas cuelgan libremente dentro del pantalón.

Andar rueda libre parece una costumbre extraña porque la utilidad de la ropa interior se hace evidente: el tipo de tela, usualmente algodón, brinda protección al área genital al aislarla de otros tipos de tela más rudas (como el jean) y de ciertos accesorios del vestir como los cierres; pero la utilidad mayor es la relacionada con la higiene, al mantener el área genital y anal seca, recogiendo el sudor y otros fluidos corporales. 

Es posible que esta práctica esté asociada principalmente a la vida de algunos adolescentes y estudiantes universitarios dada la necesidad natural de los jóvenes de nadar contra la corriente o romper con los esquemas preestablecidos. Ir rueda libre se antoja como una práctica que no deja de tener connotaciones "clandestinas". Algunas veces se asume como un reto personal o dentro de la comunidad de pares masculinos generalmente asociado con ese "mostrar sin mostrar" en donde los genitales se exhiben, bien desdibujados sobre el short o pantalón, o bien como flashes que pueden ser atisbados al acaso, al adoptar ciertas posturas. Luego se asume como una forma muy cómoda de andar, al liberar a los genitales y dejar que cuelguen plácidamente. A continuación el testimonio de un grupo de estudiantes universitarios norteamericanos (video en inglés):

Sin ropa alguna en los gimnasios de la antigua Grecia
Resulta curioso que, si bien el uso del taparrabos fue una prenda de vestir, a la vez que ropa interior, común para muchos pueblos ancestrales, al parecer, entre los griegos este tipo de atuendo no existió en absoluto. Entre la vestimenta tradicional de la antigua Grecia se encontraba la túnica, tanto para hombres como para mujeres, que consistía básicamente en un rectángulo de tela suave que se sujetaba a los hombros mediante una fíbula (un gancho) y un cinturón. Los hombres de cierta edad y jerarquía llevaban también una toga larga que les cubría prácticamente todo el cuerpo. Sin embargo, debajo de estos vestidos no se llevaba nada más. Por lo tanto para los griegos, andar "rueda libre" era una condición natural.
 
El no portar ropa interior alguna por parte de los antiguos griegos, llegó a niveles de la misma desnudez en algunos ámbitos sociales, como en los gymnasium, donde sólo estaba permitido entrar a los hombres y que servía de recinto para el entrenamiento físico y para otras actividades asociadas con el pensamiento. De esta manera quedaba manifiesto el gusto griego por la belleza corporal, particularmente la masculina, la cual alcanzó en algunos momentos niveles de culto.

Podría decirse pues, que la carencia de uso de ropa interior alguna entre los griegos no fue algo que los preocupara sobremanera, dado que la desnudez era una condición importantísima que utilizaban para relacionarse socialmente, particularmente entre hombres. Como muestra de ello, la inmensa mayoría de las estatuas masculinas griegas presentan hombres desnudos, o con atuendos que los acercan más bien a la desnudez, porque destacan su corporalidad, a diferencia de muchas estatuas femeninas, donde la forma corporal es sugerida o mostrada debajo de los pliegues de las túnicas.

Rueda libre como práctica cotidiana
Para Trey Salm, andar rueda libre tiene las ventajas de que los genitales se ven libres de los interiores muy ajustados y no se sufre la incomodidad de que la tela se meta entre las nalgas (para mí son dos situaciones que se resuelven muy fácilmente: comprar ropa interior holgada y bien hecha para que no se arrugue cuando se la lleve puesta). Otro de sus argumentos: es más rápido desvestirse para el sexo cuando no se lleva interiores, solo quitar la correa, abrir el pantalón y ya: ¡en traje de Adán! (pero, ¿y todo ese preludio erótico previo al sexo al quitar la ropa e incluso exhibir unos interiores sexys qué? je je je).

En una oportunidad, los mercurianos nos pusimos como reto vivir un día "rueda libre": cada quién se vistió para un día normal de la semana, con la ropa que tradicionalmente viste para trabajar, pero no nos pusimos interiores. Yo fui a mi trabajo de pantalón kaki, con camisa manga larga, medias y zapatos negros de cuero. Mi primera inquietud, al ponerme los pantalones fue: ¿qué hago con mi pene? Cuando uso ropa interior mi pene lo coloco hacia arriba o hacia abajo sobre mis testículos, bien acomodado y ajustado por la tela del interior. Ahora mi pene colgaba la mayoría de las veces hacia un lado, de manera que frente al espejo yo notaba el glande insinuándose en el pantalón. Ese día agradecí que mi pene no fuera grande, porque su forma se hubiera desdibujado claramente sobre un pantalón de tela.
 
Cuando me monté en mi carro comencé a experimentar que la costura central del pantalón presionaba sobre mis genitales, y la cabeza de mi pene circunciso no dejaba de rozarla, por lo que la certeza de mi genitalidad estaba permanentemente presente. Al llegar al trabajo mi pene se había acomodado en una posición cómoda que, al parecer, no permitía que se notara mucho, y realmente me sentía menos apretado y mis genitales más "libres": empecé a sentirme mejor.
 
La primera posibilidad de inconvenientes se presentó cuando fui al baño a orinar. Lo hice de la manera tradicional. Al finalizar, sacudí el pene y limpié con un papel los restos de micción del orificio de salida. Sin embargo tuve la preocupación porque una gota rebelde hubiera quedado en el conducto urinario y en algún momento saliera y manchara el pantalón, cosa que afortunadamente no ocurrió.
 
Pero al transcurrir del día, cuando comencé a sudar un poco, empezó para mi un real inconveniente: mis pelotas se humedecieron y no dejaba de percibir la molestia de sentir que el escroto se pegaba insistentemente a mi entrepiernas. En ese momento añoré haberme puesto algo de talco en los genitales.

Un punto a favor, el solo pensar que estaba interactuando con mis compañeros y compañeras de trabajo y con mi jefe, estando consciente que no cargaba interiores, le daba a la relación una dimensión especial. De repente me preguntaba si alguno de ellos se habría dado cuenta de que andaba rueda libre, o si realmente podían notarlo por como se movían los genitales al caminar. Esta sensación de estar haciendo algo "clandestino" hacía que me sonriera y le aportaba cierto "morbo" al asunto. Por supuesto que rogaba no experimentar una erección, lo que me pondría en evidencia y me haría pasar un mal momento.
 
En conclusión, la experiencia fue interesante. Por un lado ese morbo sabrocito de saber que estaba sin interiores frente a otros; por otro, ciertas incomodidades estuvieron presentes, en particular la de sentir las bolas pegadas a mis piernas. No dejo de pensar en que, definitivamente, esto podría ser la gloria para un exhibicionista discreto. Así que siento que no me importaría andar rueda libre alguna otra vez, con su debida dosis de talco antes de vestirme. Con mucha más seguridad lo haría en la playa cargando unos shorts holgados, para permitir que la brisa refresque mis testículos.

Una costumbre escocesa transmitida por tradición
Entre las tradiciones en la vestimenta de Escocia, el kilt es el traje emblemático de los hombres. Inicialmente se trataba de una túnica,  elaborada con un estampado particular a cuadros, el tartán, con los colores específicos de los antiguos clanes; de aproximadamente 5 metros de largo que se ataba a la cintura y cubría el cuerpo y las caderas hasta media pierna para proteger a la persona de las inclemencias del tiempo en Escocia. En la actualidad, aquel atuendo quedó simplificado como una falda de tela de paño que utilizan los escoceses en fiestas tradicionales y en celebraciones especiales.
 
Estas faldas tienen la particularidad de que, al parecer, desde tiempos remotos, se visten sin ropa interior alguna debajo. La razón podría ser desconocida, pero no tendría que extrañarnos puesto que igualmente así era que se vestían muchos pueblos antiguos, como por ejemplo los griegos. Sin embargo, se dice que, en los tiempos modernos, esta costumbre tiene un origen militar, donde se obligaba a los soldados escoceses a no llevar nada debajo de manera que el área genital pudiera estar convenientemente aireada. De esta manera, andar en ropa militar escocesa, sin ropa interior alguna debajo del kilt, se la denominaba "ir de regimiento", en inglés going commando.
 
Se dice que, durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados escoceses que portaban kilts eran inspeccionados por los sargentos utilizando un palo al que se adosaba un espejito, para verificar si iban convenientemente "frescos" debajo de sus faldas de regimiento.
La tradición se ha impuesto entre los hombres de la región escocesa y, aunque no es obligatorio ir rueda libre, se presenta como una ocasión para rendir honor a los antepasados. Por lo cual los hombres no reparan en ir rueda libre bajo sus kilts en matrimonios, desfiles, actos militares, competencias, celebraciones folclóricas, etc.

Aunque se dice que el portar o no ropa interior debajo del kilt es un asunto personal, lo correcto es mantener el misterio al no hacer alarde del mismo, lo cual no deja de ser evidente dado que en muchos casos, a los escoceses parece importarles muy poco si se les ven los genitales o el trasero al adoptar ciertas posturas durante las celebraciones públicas.

Al contrastar esta manera de vestir con el uso extendido de la ropa interior no queda otra que proponer vivir la experiencia de ir rueda libre en algunas ocasiones y experimentar de primera mano esta particular forma de relacionarnos con nuestro cuerpo, así como las posibilidades de establecer contacto con nuestra sensualidad masculina.

5 pasos para comenzar a andar rueda libre
Basado en un artículo del portal WikiHow, hemos adaptado estas cinco sencillas recomendaciones para aquellos que deseen comenzar a experimentar el andar rueda libre:

 
1. Selecciona un día en el que sepas que la menor cantidad de personas estará en casa. Esta es siempre la mejor manera de comenzar. Es posible que sea difícil definir ese momento, pero si encuentras un día en el que tu madre sale a hacer compras, tu padre está en el trabajo y tus hermanas y hermanos se van a pasar el rato con sus amigos, entonces aprovecha el momento, quítate los interiores y ponte la ropa que usualmente sueles llevar en casa.

2. Después de esto, comienza poco a poco a andar rueda libre siempre que puedas, hasta que te sientas cómodo de hacerlo entre los miembros de tu familia. Recuerda que al principio debes cuidar de no erectarte o dejar alguna "gota" en tus pantalones o shorts.
 
3. Luego que te parezca que tu familia no lo nota, o al menos parece no importarle, y que tu te sientas a gusto estando rueda libre entre ellos, entonces puedes comenzar a hacerlo en público. Andar sin ropa interior en público puede ser intimidante al principio, pero después de un tiempo se hará normal para ti.

4. Comienza entonces a estar rueda libre por largos períodos de tiempo (por ejemplo, varios días seguidos) y luego, si quieres, durante semanas o meses. Una buena oportunidad para hacerlo es durante la temporada de vacaciones escolares.

5. Y si quieres, puedes convertirte en un chico rueda libre permanente y nunca más usar ropa interior. 

miércoles, 15 de agosto de 2012

El taparrabos, ancestro de la ropa interior masculina


El primer tabernáculo de la genitalidad masculina
Con toda seguridad el primer "calzoncillos", o prenda íntima masculina, más antiguo que se conoce proviene de una momia encontrada en 1991 en la región de los Alpes. Se trató de un taparrabos de cuero portado por un hombre de hace 5 300 años: Ötzi, el hombre de hielo.

Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE), taparrabos hace referencia a la prenda que utilizan algunas tribus indígenas para cubrir el área genital. Esta se utilizaba también en la antigüedad y su función principal era la de ocultar y proteger los genitales. El taparrabos consiste principalmente de un pedazo de tela, en algunos casos larga y estrecha que cubre particularmente el pene y el escroto.

Según como lo entendería un latinoamericano, el taparrabos es, paradójicamente, una prenda que lo que menos cubre es el "rabo", es decir, la zona trasera del hombre. En el habla de los españoles, sin embargo, es perfectamente entendible que se le llame así, porque para ellos, rabo es una denominación del pene.

Pero, ¿cuál es la diferencia entre un taparrabos y un calzoncillos?, ciertamente ambos se utilizan para proteger el área genital. Esta diferencia no está clara, a excepción de la que puede deducirse de la definición, con relación a que una es utilizada por las sociedades indígenas. En mi opinión, la diferencia se debe a que, aunque ambas cubren el área genital, el calzoncillos se lleva como una prenda interna dentro de la ropa, el taparrabos en cambio forma parte de las prendas de vestir y se exhibe socialmente. Según Otto Steinmayer:

"El propósito del taparrabos es cubrir los genitales masculinos, lo cuál deja las nalgas al aire. Muchos hombres en el mundo se sienten abochornados de exhibir parte o todos sus genitales, pero parece ser un asunto particularmente occidental avergonzarse de igual manera por mostrar el trasero, lo cual realmente es probablemente un temor de ser etiquetado como homosexual, una ansiedad que parece aumentar con el avance de la civilización. De esta manera, los occidentales en general suelen considerar el taparrabos una prenda impúdica".

Ciertamente, la sociedad occidental tiende a considerar el taparrabos una prenda propia de sociedades primitivas, símbolo de la barbarie, lo inculto, lo más alejado de la civilización, de las ciudades y de la modernidad o, en el mejor de los casos, un atuendo que evoca civilizaciones antiguas.
Para el hombre moderno, podría existir una asociación del taparrabos con la ropa interior o los trajes de baño tradicionales. Como objetos de ansiedad social, las prendas que cubren las áreas genitales que pueden ser exhibidas socialmente, el taparrabos en el caso de comunidades tradicionales y el traje de baño en la sociedad moderna, se relacionan al parecer, cada vez más abiertamente, con ese terror que el hombre moderno asocia al hecho de mostrar su genitalidad. Estos atuendos "dibujan" el cuerpo y por lo tanto pueden sentirse que destacan y exponen demasiado los genitales y los glúteos. Esta sociedad actual, aparentemente abierta con respecto a la sexualidad, pero no liberada aun de muchos prejuicios morales y religiosos, condena una exhibición demasiado explícita de los genitales, de allí que prendas como los trajes de baños hayan sido sustituidos cada vez en mayor grado, y en especial entre la gente joven, por amplios pantalones cortos o bermudas de surf.

Cuando uso taparrabos muestro mi lado más primitivo
En particular, mi relación con las prendas de culturas indígenas fueron siempre un motivo de curiosidad. Siendo yo un niño curioso y muy creativo, y habiendo adorado la serie televisiva de Tarzan, no es de extrañar que me hiciera mi propio taparrabos a imagen y semejanza del que usaba el rey de los monos. El solo hecho de portarlo mientras veía mi serie matutina favorita despertaba mi imaginación a niveles infinitos. La sensación corporal al portar un taparrabos me hacía conectarme con mis fantasías sobre el contacto con la naturaleza, la selva y las tierras lejanas.

Mi "guayuco" (como se denomina el taparrabos indígena en varias partes de latinoamérica) consistía de una tela color marrón, básicamente rectangular que terminaba en punta en ambos extremos, y que ataba a mi cintura con una cinta. Ponerme mi guayuco era transportarme a lejanas selvas llenas de animales salvajes, tribus indígenas, supervivencia y mucha aventura. Era una forma de dejar aflorar parte de mi propia naturaleza instintiva.

El taparrabos en la remota antigüedad y en la era cristiana
Haciendo un poco de historia, en el antiguo Egipto, los hombres portaban un taparrabos elaborado de lino que consistía de un trozo de tela en forma de triángulo isósceles con dos cordones cosidos en los dos extremos. Este se colocaba por detrás, a nivel de la cintura, y los cordones se ataban en la parte delantera en el bajo vientre. El trozo de tela que quedaba colgando se pasaba entre las piernas y se enrollaba sobre el nudo delantero procurando cubrir toda el área genital.

Un recurso importante para estudiar el desarrollo del taparrabos, y en general de la ropa interior, en la historia posterior al crecimiento del cristianismo en Europa, ha sido examinar las muy diversas pinturas sobre la crucifixión de Cristo. Desde el principio se sabe que, en la época del dominio romano, los condenados por diversos delitos eran crucificados, una condena en la que los sentenciados se los desnudaba y se los fijaba a unos maderos hasta que morían. El cristianismo fue muy moralista al tratar la muerte de Jesus y, dado que la única referencia que tenían los pintores era el atuendo que se usaba en su época para cubrir el área genital, comenzaron a mostrar a Jesús crucificado portando la ropa interior que se usaba en las épocas en las que era pintado el cuadro.

En general puede observarse a Cristo portando un taparrabos sujetado mediante cordones, o a veces un simple trapo arrollado a la cintura, como el que se utiliza actualmente para después del baño. En algunas representaciones más iconográficas, el taparrabos dejaba un trozo bastante largo de tela que ondeaba al aire en múltiples pliegues y ondulaciones. En la época de las cruzadas de los siglos XI al XIV, los pintores, por encargo, mostraban el extremo de la tela del taparrabos de Cristo con la forma de los estandartes de los distintos grupos de cruzados.

En los tiempos actuales, podría ser artísticamente apropiado, pero no históricamente consistente, mostrar una representación de Cristo en la cruz portando un par de interiores blancos, unos bóxers, incluso un "hilo dental" o un suspensorio; pero una representación así seguro levantaría la indignación de los representantes de la iglesia o de los creyentes ortodoxos. El consenso que actualmente prevalece es la representación de la imagen de Jesus portando un taparrabos, con una cantidad de tela suficiente para cubrir y disimular su área genital.

El taparrabos como herencia ancestral de algunas culturas indígenas
En la actualidad los taparrabos son usados como atuendos tradicionales en las culturas japonesa, india o indopacíficas, así como también como prenda cotidiana en las comunidades indígenas de muchas partes del mundo. En Venezuela, por ejemplo, son clásicos los guayucos de comunidades indígenas como la yanomami, piaroa, panare o wayúu. Los pemones llaman a los que no son de su etnia "tuponkén" que en su lengua significa "persona con ropa", haciendo referencia quizás a la poca ropa que este pueblo llevaba como atuendo tradicional: un simple taparrabos en el caso de los hombres. 

El vestido tradicional indígena siempre fue un guayuco elaborado de algodón y otras fibras vegetales de la selva amazónica. Es curioso que para muchos de estos pueblos el color tradicional para el guayuco sea el rojo, que es elaborado de las semillas de algunas plantas amazónicas como el onoto. Muchas veces los guayucos indigenas son ornamentados y embellecidos; los panare, por ejemplo, suelen adornar sus guayucos con unas borlas de cierto tamaño que cuelgan a los lados de las caderas. 

Lamentablemente, y a pesar de lo pertinente del uso de un simple y sencillo guayuco como única prenda en un ambiente tropical permanentemente cálido, casi todas las comunidades indígenas han sido tocadas por la modernización y por la acción evangelizadora de grupos cristianos que les han inculcado el "pecado" que significa andar casi desnudos, con el riesgo de exponer los genitales. Por esto, en la actualidad muchísimos indígenas visten ropa interior moderna o unos simples pantalones cortos, y reservan sus tradicionales guayucos sólo para actos rituales y ceremonias especiales, y aún así, puede vérseles con frecuencia que debajo de las telas del taparrabos, que supuestamente cubren suficientemente su área genital, portan igualmente un calzoncillos moderno.

Con las nalgas al aire por las calles de Kioto
En la actualidad, algunas sociedades modernas usan taparrabos en ocasiones especiales y con motivos igualmente rituales, religiosos o patrióticos. Ejemplo de ellos lo constituyen las actividades de los japoneses, particularmente los que profesan la religión shintoista.

El fundoshi es el nombre del taparrabos tradicional japonés que han utilizado los nipones desde hace más de mil años. Atuendo intermedio entre taparrabos y ropa interior principalmente masculina, el fundoshi fue la prenda genital por excelencia en Japón hasta la segunda guerra mundial, fecha después de la cual la cultura occidental, con sus pautas en el vestir, comenzaron a predominar en la sociedad japonesa.

El fundoshi tiene tres variantes, de las cuales el "rokushaku" es el más común. Consiste de un trozo de tela rectangular de unos 2,5 m de largo por 20 cm de ancho que se ata alrededor de la cintura cubriendo los genitales y pasando, entorchado, entre las nalgas. Esta prenda es quizás lo más cercano al moderno "hilo dental".

El blanco es el color por excelencia para el fundoshi. Los niños y adolescentes suelen usar también un fundoshi color rojo o como sustituto del traje de baño. En la actualidad se ha visto el uso de fundoshi con otros colores, como el negro, o incluso con diversos estampados.

El fundoshi es utilizado en festivales típicas de la religión japonesa Shinto, como en la "hadaka matsuri", una festividad de purificación invernal, o la festividad "aka fundoshi", donde los jóvenes salen a las calles con sus fundoshi rojos. En el contexto de la vida social cotidiana japonesa, el fundoshi puede ser llevado en casa, utilizado para nadar o en los baños y saunas públicos japoneses llamados "onsen".

Es mi opinión personal que portar un taparrabos puede tener un atractivo muy especial: es una manera de mostrar mi cuerpo y a la vez sentirme cómodo y libre. Otto Steinmayer expresa que la vestimenta genital como prenda de vestir exclusiva, tal como los taparrabos de los pueblos indígenas, o el fundoshi de la cultura japonesa, aunque también aplica para los trajes de baño tradicionales, quizás esté asociada a cierto placer del hombre por sentir su cuerpo, su desnudez y su masculinidad, ornamentado con algo simple. El taparrabos, el tradicional traje de baño para natación, o incluso la misma ropa interior, es una prenda que se adhiere al cuerpo de manera natural, dejando al descubierto la fisionomía natural masculina; en cambio, el resto de las prendas de vestir, esas que cubren todo el cuerpo, alteran las formas y redibujan a la persona completamente.

Bibliografía consultada
Otto Steinmayer (2001) The loincloth of Borneo.
South Tyrol Museum of Archaeology. www.iceman.it/en.
International Jock. www.internationaljock.com.

sábado, 21 de julio de 2012

Tendencias de la ropa interior masculina


La necesidad de vestirse y los avatares de la moda
Siempre me he preguntado las razones que llevaron a las civilizaciones antiguas a adoptar ciertos tipos de atuendos. En primer lugar se me ocurre que el vestirse tuvo que ver, en un principio, con una necesidad de protección y mantenimiento de la temperatura corporal, bajo condiciones ambientales extremas. Es seguro que el ropaje permitiera que el ser humano conquistara lugares que ofrecían, al menos en un momento del año, temperaturas extremadamente bajas. Así, el uso pieles alrededor del cuerpo le permitía al hombre primitivo permanecer caliente, al menos a la intemperie, fuera de sus refugios y del fuego.

Aunque la vestimenta tenga un sentido primariamente utilitario, es bien sabido que la historia de la moda y del traje es tan interesante como la historia misma de los hechos del ser humano. Desde la antigüedad, y ante las diferencias físicas evidentes entre hombres y mujeres, se desarrolló un estilo de vestimenta especial para cada género, y su propósito, con el tiempo, pasó a ser algo más que una razón estrictamente utilitaria. El vestido, como prenda de exhibición, puede denotar poder, castas, costumbres, pueblos y riqueza. Según Otto Steinmayer:

"La vestimenta humana, en su sentido más amplio incluye, aparte de las prendas de tela, ornamentos y pintura corporal... La función más profunda del vestido es ornamentar el cuerpo, como una forma de "humanizar" y "socializar" a las personas. Algunos indígenas sudamericanos han expresado que ellos se ornamentan porque si no lo hicieran sentirían que no hay ninguna diferencia entre ellos y los animales. Los ornamentos son una necesidad en su caso para mantener su identidad como seres humanos".

Sin embargo, la ornamentación no debemos atribuirla exclusivamente al ser humano. En el mundo animal, estas exhibiciones de "ornamentos" corporales han evolucionado de manera natural y pueden observarse principalmente entre los machos, los cuales generalmente exhiben colores y formas corporales más llamativas en relación con las hembras. En estos casos podría decirse que se trata de una estrategia adaptativa cuya función es, entre otras, la atracción de pareja o como señal de advertencia para otros machos sobre la propiedad de su territorio. En el caso del ser humano, esta misma tendencia pudo ser observada en el atuendo masculino, particularmente en ciertas épocas de la historia de la humanidad, y especialmente asociada a la ropa bélica. No es de extrañar que muchas mujeres se sientan atraídas por hombres con ropa militar.

La pertinencia de no andar con las bolas al aire
Puede decirse que la ropa íntima ha seguido un camino histórico muy interesante porque, al tratarse de un atuendo que generalmente permanece oculto bajo la ropa, podría pensarse que su función está asociada a razones principalmente utilitarias, más que de exhibición. En principio, la ropa interior cumplió con la función de no exponer los genitales. Ocultar la zona genital como protección pero también obedeciendo a tabúes propios de las sociedades de muchas partes del mundo. En el caso de los hombres, esa pertinencia de no andar con "las bolas al aire" manifiesta la dualidad propia de su propia esencia. Como dijimos en otro tema de este blog, los genitales masculinos son eminentemente externos, el falo se debate entre mostrarse y ocultarse, y la ropa interior viene a cumplir con la función de velar socialmente la sexualidad genital.

Junto con la tendencia, culturalmente heredada, de ocultar nuestra masculinidad genital, las pautas que definieron el diseño de la ropa interior, hasta hace muy poco, estuvieron asociadas entonces con la higiene y la protección genital. Las diferencias anatómicas entre hombres y mujeres dictaminaron, en todas las épocas de la humanidad, la confección y los estilos de la vestimenta de ambos sexos, incluyendo la ropa interior: en el caso del hombre, debido a que sus genitales son externos y voluminosos, como ya se ha mencionado, la ropa interior se debate entre la exhibición de sus atributos sexuales y el confort.

En esta contienda entre forma y función, la prenda intima masculina se inclinó durante siglos principalmente por la "función", asociada simplemente con la protección e higiene del área genital. La ropa interior femenina, por su parte, se asoció más bien a la "forma", destacando sus atributos sexuales, principalmente la cintura, los pechos, las caderas y los glúteos; en ambos casos siempre conservando su condición de prenda interior, oculta, velada por las modas del atuendo externo.

Sin embargo, en la actualidad, la ropa interior ha llegado a ocupar un puesto en importancia casi a la par con la ropa y el vestido. En estos tiempos de enfrentamientos entre la masculinidad y el feminismo, según las últimas tendencias de la moda y con la atención que los medios de comunicación le han destinado, se intenta equiparar las prendas interiores masculinas con las femeninas: mientras las voluptuosas modelos de Victoria´s Secret desfilan en pasarela mostrando las tendencias actuales de la lencería, destacando prendas llamativamente sensuales, marcas como Calvin Klein, 2(x)ist, Dolce & Gavana, o Aussiebum promueven estilos de ropa interior masculina que compiten igualmente entre la calidad y el confort con el diseño colorido o las formas atrevidas que antes estaban destinadas sólo a las prendas femeninas. Podríamos decir que otra de las funciones actuales de la lencería y la ropa interior es "redibujar" y realzar las formas del cuerpo de ambos sexos, destacando sus atributos sin perder su esencia.

He aquí otra justificación sobre el deseo del ser humano de vestirse: con las prendas del vestido, los accesorios y otros ornamentos las personas pueden exhibir su personalidad. En resumen, podemos estar de acuerdo con Steinmayer, para quien la razón última para portar un vestido externo e interior, es el deseo universal humano de hacer algo con el cuerpo: decorarlo, constreñirlo, amoldarlo, llegando incluso a pintarlo o tatuarlo. La ropa interior en el caso del hombre, busca ahora destacar los atributos masculinos, a la vez que lo hace sentirse cómodo, seco y protegido.