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lunes, 17 de junio de 2013

Patrones sociales en los vestuarios masculinos I

The lecturer has no clothes
En marzo pasado llegó a mis manos un artículo del New York Times con el título The Lecturer Has no Clothes, en donde Max Ross, un joven graduado de la Universidad de Nueva York, comparte con los lectores una experiencia vivida hacía un año, en los vestuarios del gimnasio de esa universidad neoyorquina. Utilizando un discurso ameno, Ross nos hace un recorrido por los comportamientos más evidentes de las personas que utilizan los vestuarios para cambiarse de ropa, almacenar sus pertenencias, ducharse luego de sus rutinas de ejercicios, relajarse en los vapores o saunas y hasta socializar con los que en ese momento se encuentran en los menesteres propios de esos espacios. Permítaseme aludir a los pasajes más destacados del artículo, relatados directamente por el propio Ross:
 
"Los hombres que asisten a los vestuarios del Centro Coles para el Deporte y la Recreación de la Universidad de Nueva York conforman un grupo mixto: viejos y jóvenes, gordos y definidos, velludos y lampiños, atletas universitarios y profesores universitarios, administradores universitarios, polacos, judíos, latinos, etc. Cada categoría con sus subdivisiones complicadas, cada uno en distinto grado de desnudez...
... Es hora del almuerzo un martes lluvioso... El vestuario esta abarrotado. Los estudiantes se visten rápidamente, mirando hacia la pared y manteniendo sus toallas alrededor de sus cinturas hasta que se han puesto los pantalones. Los nadadores lo chorrean todo, y un muchacho está parado sobre el banco de manera que sus pies no toquen el piso mojado. Un señor mayor, totalmente desnudo rebusca dentro de su locker como si buscara sin esperanza las huellas de un tren que nunca arribará...
... - ¡Te atrapé, tienes que admitir que te atrapé!- decía un hombre [profesor retirado de historia del arte] a su compañero de racquetball, mientras se vestía en un banco diagonal al mío.
- Me hubieras atrapado si hubieras ganado,- respondía su oponente - pero no ganaste... 
Como siempre, un espíritu de competencia prevalece en los vestuarios; cierto tipo de "juego" se lleva a cabo allí. No me figuro cuáles podrían ser sus reglas, o su meta última, pero estoy seguro que lo más importante es argumentar todo lo que sea posible para no reconocer el hecho de que todo el mundo está desnudo. Con pocas excepciones, los hombres mayores (profesores eméritos principalmente) tienen las mejores posibilidades de afrontar esta desnudez, sin embargo un chico francés en sus veinte, cursando la Maestría en Arte, ha demostrado estar muy bien entrenado. Los hombres se paran frente a los lavamanos y se sientan sobre los bancos a charlar al parecer por horas..."
[La discusión entre los dos hombres discurre hacia el tema de la literatura y los argumentos en favor o en contra de si existen o existieron escritores holandeses realmente importantes. Ross (el autor del artículo), una vez se ha cambiado a su indumentaria deportiva, sale del vestuario para hacer su rutina de ejercicios]: 
"... Cuando regreso de las caminadoras, alrededor de 30 minutos más tarde, el profesor de historia está aún desnudo, aún discutiendo interminablemente. Un par de calzoncillos negros cuelgan de su mano, como si amenazara con ponérselos, mientras que el que lo escucha, el mismo señor grueso, quien ya está prácticamente vestido, pareciera querer tratar de escapar...
... Aparte del entrenamiento, y los apartamentos con escaso suministro de agua caliente, que me han llevado frecuentemente a las duchas del gimnasio, yo me considero un amateur en este deporte: aún para mí es poco confortable hablar desnudo, sentado sobre una toalla. Quizás tiene que ver con la madurez, y estos hombres han llegado a un punto donde, sin importar la situación, se sienten totalmente a gusto estando en pelotas: ¿qué puede significar para ellos un instante bochornoso frente a toda una vida de experiencias al desnudo?, o quizás son muy maduros y ya han pasado la edad de desempeño sexual, por lo que necesitan afianzar su masculinidad en áreas semipúblicas...
... - ¡Piensa en ello! Kandinsky. Es simple, aunque realmente lo encuentro poco profundo. - dice el profesor de historia... Su compañero refuta, toma su sombrilla y se va. Ya solo, el juego termina. El profesor retirado mira alrededor para ver si hay alguna otra persona con la cual discutir sus puntos de vista (mientras, yo meto la cara en mi locker como buscando algo que no encuentro). Reconociendo que el encuentro ha terminado, el profesor finalmente se pone sus interiores".
 

El artículo se hace interesante porque, de alguna manera, describe algunos de los comportamientos más comunes de las personas en los vestuarios, los cuales (estoy de acuerdo con Ross), parecen depender en gran medida de la edad de los usuarios. Sin embargo, aunque soy consciente de que existen muchos puntos de vista en relación con los propósitos de los vestuarios de un gimnasio, es seguro que estas son áreas diseñadas para el aseo y el almacenamiento de las pertenencias de los usuarios; pero, en vista de que el ser humano es un ser social, no hay por qué descartar que también estos espacios sean utilizados para la socialización entre amigos.
 

El asunto de la desnudez es otro tema que suscita un amplio debate y de la cual existen muchos puntos de vista, en mi opinión signados por la formación que recibimos desde pequeños en el seno de nuestras familias y al abrigo de la religión. Según la opinión de Ross, la socialización es una excusa para evitar enfrentarse al hecho de que las personas que están alrededor se encuentran en distintos grados de desnudez, y es la única razón por la cual una persona (el profesor de historia del arte) pueda permanecer al menos casi una hora en el vestuario totalmente en pelotas. Este es, según mi criterio, un razonamiento un tanto forzado; en cambio, encuentro plausible que, entre las razones que guían a las personas a socializar al desnudo podrían estar el sentimiento consciente o inconsciente de la libertad, la ruptura total de la formalidad que representa el uso de la ropa y el mismo hecho de representar una oportunidad especial de socializar entre hombres en un ambiente especial de naturaleza exclusivamente masculina.

Desnudos vs la danza de la toalla
Es curioso esto de la desnudez. Me atrevería a decir que, de todas las áreas que comprenden los gimnasios actuales, es solamente en los vestuarios donde permanece el espíritu que movió a los griegos a crear la institución del gimnasium, un término que proviene del griego antiguo gymnos que significa literalmente "desnudez" (más detalles en nuestro artículo "El gimnasio y el culto al cuerpo masculino en la antigua Grecia").
 
Particularmente en el gimnasio al que asisto, hay un cartel que dice expresamente "es obligatorio el uso de la toalla para andar en el vestuario". Cuando leí el anuncio por primera vez me llamó sobremanera la atención lo absurdo de la regla, ya que, si se supone que el vestuario es un área especial para ducharse, asearse (afeitarse, cepillarse los dientes, peinarse), relajarse (en el sauna seco o el vapor), utilizar los urinarios y los toiletes, y cambiarse de ropa; un lugar al que acceden solamente hombres como uno, entonces, si quisieras ir de un lugar a otro y te encontraras desnudo, tienes que hacerlo a juro con una toalla alrededor de tu cintura. Lo expresamente ridículo del anuncio es que, sin necesidad de cartel alguno, eso es precisamente lo que hacen la mayoría de los hombres cuando deambulan por el área del vestuario. Sin embargo, para mí no tendría mayor problema si yo o cualquier otra persona quisiera hacerlo desnudo, incluso para aprovechar y  permitirse, en esos espacios, disfrutar precisamente la sensación de desinhibición y libertad que representa la desnudez. Lo más curioso de todo es que, observando el comportamiento de los hombres allí, muchos no parecen tomar en serio la regla: si bien muchos caminan con la toalla a la cintura o en calzoncillos, otros deambulan desnudos, con la toalla al hombro.
 
 
Coincido sin embargo con otra apreciación de Ross: en general los jóvenes tienden a ser más pudorosos, y a pesar de que el área de los vestidores es amplia, con suficientes bancos, muchos se llevan sus morrales y pertenencias para la ducha, y dentro de los cubículos con cortinas de las duchas se desvisten, se bañan y se visten de nuevo. Un pudor que a mí en particular me parece extremo. Los otros que se aventuran a acercarse a los bancos para vestirse realizan lo que a manera de chiste denominamos "la danza de la toalla", refiriéndose a esa hazaña de intentar ponerse los calzoncillos con la toalla puesta, tratando de subir la prenda interior procurando mantener la toalla alrededor de la cintura para no dejar expuesta a las miradas de otros ni un centímetro de su anatomía genital.

Del pudor obsesivo al desparpajo exhibicionista
Así que, por un lado, están los pudorosos, los que se tapan totalmente para cambiarse de ropa; en el otro extremo, en cambio, podemos considerar dos tipos de hombres: los exhibicionistas y los adultos que rondan la ancianidad. La características común a ambos es un comportamiento totalmente desinhibido al caminar de un lado a otro del vestuario, afeitarse, cepillarse, verse en el espejo, salir al espacio entre las duchas a conversar con los amigos que se duchan al lado, orinar en los urinarios o sentarse en los bancos a hablar con los compañeros, todo en completa desnudez. 

Los exhibicionistas normalmente son hombres que ostentan cuerpos bien definidos o penes grandes, y con su comportamiento parcieran intentar asegurar que las miradas de todos los demás recaigan en sus atributos (¿será precisamente para ellos la advertencia en el anuncio impreso en el gimnasio al que yo asisto?): en el vapor o el sauna no se contentan con sentarse simplemente para relajarse, sino que caminan de allá para acá. Estos suelen dejar para el final ponerse los interiores, de manera que puede vérseles en camisa, corbata y medias, con los genitales expuestos; parecieran contradecir a propósito esa regla tan antigua que reza "los calzoncillos son lo primero que se pone un hombre".
 
 
Los adultos mayores son abuelos con cuerpos regordetes, que no reparan en deambular con total libertad mostrando sus carnes caídas y testículos colgantes; en general son los más habladores, tal como el profesor emérito del gym de la Universidad de Nueva York, y no están preocupados por su apariencia, o si alguien repara en ella.
 
En medio de estos extremos estamos quizás la gran mayoría de los hombres: personas que no nos preocupa estar desnudos delante de otros pero que no hacemos de ese echo un alarde. Si vamos al vapor o al sauna y nos provoca sentarnos simplemente sobre la toalla, o tenemos que vestirnos luego de ducharnos y para ello debemos estar desnudos, pues lo hacemos sin que ello sea motivo de bochorno.
 
 
Estas conductas de las personas ante situaciones especiales creo que pueden estar fuertemente influidas por la educación que hemos recibido a lo largo de nuestra vida, por el desarrollo personal que tuvimos para hacernos adultos y nuestras convicciones como entes pensantes y con raciocinio, pero también tiene que ver con los factores sociales que nos tocó vivir en nuestro entorno familiar o de desempeño comunitario. Sin que sea criticable una u otra manera de comportarse en estos espacios especiales para hombres, podría este análisis despertar la inquietud sobre el tipo de educación y demás condicionamientos sociales que recibimos desde jóvenes.

Fuente consultada:

Patrones sociales en los vestuarios masculinos II

La desnudez y el asunto de lo fálico en los vestuarios
Aunque a muchos de los hombres les cueste admitirlo, el temor a la desnudez tiene un fuerte componente genital. Ya hablamos antes aquí de las implicaciones fálicas que caracterizan la mente y la psicología masculina en los artículos "El falo como experiencia religiosa I y II". En ellos sugeríamos que los asuntos relacionados con el pene, en cuanto a su dimensión física y estrictamente genital, así como lo fálico como una condición de la psicología masculina, se suelen manejar actualmente, a nivel del colectivo masculino, de una manera sumamente discreta, podría decirse que siguiendo ciertos  códigos compartidos por los hombres de una manera velada.
Todo esto es debido, muy probablemente, a que la sociedad contemporánea induce a las personas a rechazar, y por ende ocultar, todo lo relacionado con el pene y lo fálico. Esta represión social se ve reflejada entonces en espacios como los vestidores: son más los que se preocupan por "no mostrar mucho" que el simple hecho de no pararle a una desnudez que no tendría que tener mayor trascendencia si se hace entre pares, puesto que, en cuanto a la corporalidad y lo genital, se trata de algo que tenemos en común absolutamente todos los hombres. Sin embargo, el hecho es que todo lo relacionado con lo genital suele tener en la actualidad connotaciones tabú y hasta peyorativas, por lo que muchos hombres se sienten realmente incómodos cuando tienen que exponer su genitalida ante otras personas, incluso otros hombres.

Por otro lado, como dice Eugene Monick, el falo, como órgano sexual físico, es externo, por lo que su manera habitual de presentación ante el colectivo es abiertamente exhibicionista: solo basta quitarnos la ropa interior y nuestro miembro, juntos con los testículos en su sacro escrotal, caen y cuelgan visiblemente bajo el arco que forman las piernas; algunas veces esta exhibición se presenta de modo aparatoso, como cuando experimentamos una erección circunstancial, sin motivo alguno, en cualquier momento del día. Así, puede decirse que el miembro viril no repara en lugar ni situación para expresarse, y además suele comportarse totalmente independiente de las decisiones conscientes de sus dueños. Según Monick, se requiere entonces de un modo especial de manejar esta dualidad: nuestra necesidad de esconder lo que por sí mismo exige ser mostrado.

Esta ambivalencia queda reflejada notoriamente en los vestuarios: por un lado, puede ser razonable pensar que, estando en un ambiente totalmente masculino, no hay problema de andar desnudos entre otros hombres, sin embargo existe en muchos de ellos el temor de "mostrar". En algunos casos presiento que la principal razón tiene que ver con esa tendencia competitiva propia de lo masculino, particularmente entre los más jóvenes, en donde lo más grande y fuerte suele ser lo mejor. A esta idea se adhiere precisamente lo fálico cuando entran en consideración las dimensiones del miembro viril: entonces se tiende a razonar desde una perspectiva totalmente sesgada, y "como me parece que mi pene es el más pequeño de todos los que me rodean, seguro que ellos me verán como un perdedor". Por otro lado está el asunto de las erecciones espontáneas: "si se me parase delante de todos en el vestuario, creerán que soy homosexual y mi masculinidad se verá amenazada".

De nuevo, todo esto surge de esa tendencia innata de los hombres a comparar: si yo siento que mis genitales son de determinada manera, me pregunto qué tan distinto será el miembro de los demás con respecto al mío. Así que todos miramos conscientemente o sin querer, furtivamente, el miembro de los otros. No se trata de una mirada morbosa o con connotaciones sexuales, es un patrón comportamental típico y normal entre nosotros los hombres.

Una multitud de opiniones
El artículo de Max Ross en el New York Times es ciertamente interesante como reflexión sobre nuestros comportamientos en ciertos espacios de naturaleza estrictamente masculina, particularmente los relacionados con la desnudez. Los comentarios de parte de los lectores del artículo no se hicieron esperar. Las reflexiones, opiniones y sentencias, tanto de los hombres como de las mujeres son tan interesantes (o más) como el artículo mismo, cuanto más porque reflejan una diversidad de concepciones que van desde lo religioso hasta los moralmente aceptado a nivel social; desde lo que era ampliamente aceptado y normal hace cincuenta o sesenta años atrás, hasta la censura social del cuerpo en la actualidad, particularmente del masculino; desde las bromas ante las situaciones planteadas en el artículo, según algunos, ridículas, hasta las teorías fundamentadas en mayor o menor medida, sobre comportamiento humano. 

He aquí algunos de los comentarios de lectores del New York Times. Seleccioné aquellas opiniones, basadas en la explicación sobre el temor a la desnudez en los vestidores de caballeros, porque me parecieron las más llamativas, muchas de las cuales son de hombres mayores. ¿Será posible que las opiniones que he seleccionado para este artículo sobre el comportamiento en los vestuarios despierten el interés de los lectores de este blog por expresar su visión con respecto a este tema? Te invitamos por lo tanto, amigo lector, a que compartas tus ideas con nosotros:
  • Chris (New York):
"Crecí en una era donde los hombres se sentían confortables estando desnudos juntos, y yo aun camino de esa forma en los vestuarios... En esa época lo normal era andar desnudos y los jóvenes que sentían terror de que alguien los viera desnudos eran considerados personas con problemas... 
... Es posible que los jóvenes de hoy teman que los consideren homosexuales... Un temor más realista es que alguien pueda tomar fotografías con un teléfono móvil y colocarlas luego en Internet, pero, a menos que alguien sea una celebridad, este temor parece más bien una remota posibilidad... o puede ser que la manera de socialización entre los jóvenes sea totalmente distinta hoy en día, inmersos en una sociedad que imagina amenazas de toda índole".

  • Mouse (New York):
"Los jóvenes saben que serán juzgados por otros jóvenes de acuerdo a sus atributos, o la carencia ellos; mientras que los hombres más viejos no suelen ser juzgados por criterios físicos, sino más bien por sus cuentas bancarias". 
  • Martin (Atlanta):
"Interesantes comentarios. Siempre me sorprende que los adultos mayores no sean capaces de entender a las generaciones más jóvenes, dado que ellos mismos fueron los que los criaron y les impusieron las condiciones que causan su comportamiento en la actualidad...
... Las generaciones que actualmente rechazan a las nuevas fueron las que perfilaron al americano actual dado que, a través de las películas, la televisión y las revistas, las imágenes juegan un papel central y nadie que no encaje en esos patrones de belleza (y allí caemos realmente la mayoría de nosotros) implica inconscientemente sentirse inferior. Adicional a esto vivimos en una cultura donde cualquier tipo de contacto físico puede ser malinterpretado y tomado como una ofensa digna de persecución legal. ¿Y entonces ustedes se preguntan por qué los jóvenes se sienten tan incómodos de mostrar sus cuerpos?".  
  • Megan (Canada):
"Una de mis cosas favoritas cuando viví en Japón por un año, fueron los onsen (baños públicos). Qué manera tan fantástica de relajarse y socializar. Particularmente me gustaban los baños orientados al uso familiar. Las familias suelen disponer de una tarde para asistir a ellos: los niños con sus padres, las niñas con sus madres; para luego encontrarse en el comedor y disfrutar de un tazón de tallarines, y quizás una siesta sobre el tatami. Mucha desnudez, pero nada sexual con ello".

  • Dan (Massachuset):
"Tengo 67 años y he asistido a centros de entrenamiento físico por al menos 30 años. Lo que encuentro importante es cuán abochornados se hayan los jóvenes en relación con la desnudez. En vez de secarse en las áreas destinadas para ello, lo  hacen dentro de los cubículos de las duchas en donde difícilmente pueden darse la vuelta. Pienso que esta división generacional tiene algo que ver con nuestro sistema educativo. Recuerdo los vestuarios repletos de estudiantes en la secundaria después de las clases de gimnasia, en donde la desnudez no era considerada gran cosa, pero todo parece que cambió en la década de los 70 y 80 en relación con el espacio privado y las expectativas respecto a la privacidad".
  • Michael Edwards (Florida):
"En una conversación reciente con un buen amigo que trabaja como entrenador en un gimnasio, este me reveló que él ha observado que los hombres invierten bastante tiempo conversando desnudos en los vestuarios en comparación con las mujeres. Y muy frecuentemente incluso más que el tiempo que usan para hacer sus ejercicios. Pareciera que es evidente la necesidad de cierta intimidad en la socialización entre hombres. Yo particularmente siento la necesidad de estar al menos con mis calzoncillos puestos antes de poder exponerme con confianza. Después de eso no tengo límites de conversar lo que quiera". 

  • John Fred Raleigh:
"Es cierto que los hombres gays (casi siempre de manera discreta) observan a otros hombres en los vestuarios y que tal hecho podría explicar la extrema modestia de los jóvenes en sus 20 comparada con las viejas generaciones.
Creo también que la educación que recibimos de nuestros padres con respecto a celar nuestro propio cuerpo y el no permitir que nadie nos toque sin nuestro consentimiento se suma a este fenómeno.
Sin embargo, pareciera que existe otro fenómeno en juego que yo mismo no puedo identificar. Por ejemplo, alrededor de la edad de los cuatro o cinco años, mi sobrino andaba orgullosamente desnudo, tanto dentro de casa como al aire libre... Ahora que tiene ocho, según su padre, se cambia su traje de baño en los cubículos de las duchas o utilizando una toalla y mirando hacia la pared... No entiendo cómo una generación que parece ser más consciente de su sexualidad y más activa que cualquier otra generación de la que tenga memoria, parezca demostrar tanta ansiedad a la hora de exponer su cuerpo en los vestuarios". 
  • Rees Evans (Washington, DC):
"He notado que muchos chicos nacidos en este milenio se sienten tan incómodos en los vestuarios, particularmente comparados con mi generación de mediados del siglo XX. Yo he criado cuatro chicos y todos ellos sufren de esa excesiva modestia en tales ambientes. Ellos nunca se ducharon después de sus clases de educación física en el colegio, y nunca sufrieron el bochorno de un examen físico militar. No hay nada más bochornoso que marchar en un centro de inducción militar con cientos de otros chicos desnudos e inclinarte ante el personal médico para que inspeccionen tu zona anal. Es sin embargo contradictorio que estos chicos del nuevo milenio carguen con todos estos tabúes y aún así sean capaces de tuitear fotos se sus partes privadas".

  • David (Fairfax, Virginia):
"Excelente artículo. Tengo 67 años y voy al gym todos los días con intención de mejorar y superar la expectativa de vida de mis padres. Lo mismo ocurre en mi gimnasio: la cantidad de desnudez que la gente muestra se corresponde con la edad. 
Pienso que la pérdida de las sesiones de ducha luego de las clases de educación física en la escuela, la eliminación del examen físico militar y esa sensación de que la desnudez esta asociada solamente con el sexo, ha llevado a este cambio generacional. Quizás la difusión del porno ha jugado una parte en esto también".
  • Allen Roth (New York):
"No tengo idea del por qué las generaciones jóvenes se han vuelto tan moralista en relación con la desnudez. Cuando iba al colegio y a la universidad, todo el mundo tomaba baños comunales y nadie recapacitaba al respecto, y casi todo el mundo caminaba por los baños y vestidores sin un paño a la cintura. Lo único que se me ocurre es que toda esta cultura del bulling, la ridiculización, las pandillas, la burla y la humillación se ha vuelto demasiado exagerada en comparación con lo que vivimos nosotros en nuestra adolescencia, por lo que los chicos y las chicas han optado por la protección que una toalla alrededor de la cintura, particularmente entre los jóvenes con menos dotación, o aquellos que son muy gordos o fofos".
  • Sas (New York):
"En los años 60, en el liceo de Bayside en el que estudiaba, un plantel con una piscina interna, teníamos que tomar un semestre de clases de natación. Aunque los chicos y las chicas teníamos clases separadas, era una regla que tuviéramos que nadar desnudos. Creo que era porque los adultos pensaban que era más higiénico, aparte de que no querían ropa de natación empapando los lockers. Nadie parecía pararle al respecto. Me pregunto si todavía en ese colegio se sigue practicando de esa manera. En estos tiempos extraños de pudor, lo dudo".

  • Matt (New York):
"Muy buen artículo. Aunque he tenido que presenciar debates entre dos hombres desnudos en los vestuarios, estoy de acuerdo en que los hombres mayores ostentan sus genitales abiertamente, mientras que nosotros los jóvenes escondemos los nuestros bajo nuestras toallas".
  • Adrian (San Francisco, California):
"Es interesante que ninguno de estos comentarios hasta los momentos no hayan mencionado el "meollo" del asunto: los teléfonos inteligentes (más bien las cámaras que vienen con ellos). Más tarde o más temprano, aun las personas más desinhibidas en los vestuarios evitarán estar desnudas en los vestuarios o en cualquier área pública (los baños públicos de los edificios y otros centros comerciales son otros tantos "campos de batalla").
Y con relación al comentario sobre que los vestidores están diseñados para que la gente esté desnuda, ¡falso! ¿En dónde está escrito eso? Para mí, la función de los vestidores es para cambiarse la ropa, almacenar las pertenencias durante el ejercicio, y ocasionalmente bañarse después de las rutinas. La desnudez por un instante en los vestuarios podría ser necesaria en el proceso de vestirse o desvestirse, pero yo llevo ese tiempo al mínimo. Aún más, frecuentemente llego al gimnasio vestido ya con la indumentaria para hacer mi rutina y me salto completamente el paso por el vestidor.
Antes de que alguien me malinterprete: no estoy en contra de exponerme desnudo en público. Pero considero que yo (y mucha gente que conozco) detestamos ver (o ser forzadas a mirar) a otras persona desnudas. Estas son cosas que podemos hacer con algunos (pero no todos) amigos y miembros de la familia. Así que, cuando un payaso insiste en estar completamente desnudo para que todo el mundo lo vea, tendemos a evitar que esa imagen entre siquiera en nuestras mentes". 

  • D (Los Ángeles, California):
"Se trata de un tema estrictamente cultural de esta época. En los Estados Unidos, los hombres jóvenes han crecido en un ambiente donde no experimentaron el nudismo en comunidad. Dado que soy profesor de colegios y liceos, yo creo que gran parte de esto es debido a un temor (irracional) a que los chicos sean observados por gente gay. Es absurdo pero muchas de las reglas que rigen la mente de los jóvenes no se ajustan a la realidad.
En los años 70 este temor no era importante, además que existía una mayor experiencia en cuanto a estar desnudos en los vestidores. Pero actualmente, observando a los jóvenes actuar de una manera tan puritana en el gimnasio, colocándose sus interiores bajo el paño, me pregunto si el porno tiene algo que ver. De alguna manera ellos asocian la desnudez y el sexo como algo que van necesariamente de la mano.
Su puritanismo representa un cambio cultural del cual ellos son parte y sobre el que no tienen control, pero me pregunto si eso indica, de alguna forma, una pérdida total de su autoestima; la incapacidad de aceptarse por ser justo lo que cada uno de ellos es en ese particular nivel de desnudez y entre otros hombres. Esta es la corriente del metrosexual".  

  • Thom McCan (New York):
"Muy dentro de las vísceras ustedes saben que de lo que se trata todo esto es de puro exhibicionismo, de la peor calaña".
  • Sarah D. Montague:
"Ustedes y yo crecimos en un tiempo donde los periódicos no estaban repletos de reportes sobre abusos sexuales y los niños eran mucho más libres de ir a ciertos lugares por ellos mismos. Ya desde comienzos del primer grado, yo caminaba a la escuela sola, que quedaba a poco menos de media milla. Todos lo hacíamos. No sorprende que los jóvenes de hoy en día hayan crecido entre adultos mas conscientes y sobreprotectores".
  • Scientella (Palo Alto):
"La desnudez en nuestra sociedad, correcta o erróneamente, significa sexo. No se trata de una opinión personal el asociar la desnudez con el sexo. Esa asociación ya ha sido elaborada. Yo he asistido a playas nudistas alrededor del mundo. En Alemania en particular, el FKK Frei Korper Kultur significa que cuando se anda en un parque en verano es posible que puedas ver un hombre desnudo parado en medio del camino. Ahora, si toda esta desnudez fuera solamente por sentirse libres, por la buena sensación del sol en el cuerpo, o como una demostración de  ser desinhibido, entonces yo podría comprarla. Sin embargo, en toda reunión nudista hay una tendencia a la depredación (acoso) sexual, al exhibicionismo sexual o aún otras cosas más". Así que no me llamen puritana, solo que este nudismo no es lo que se supone que debe ser, es más bien todo lo opuesto a algo liberador".

  • RK, un americano en Alemania (Bamberg, Alemania; en respuesta al comentario anterior):
"Disculpa pero no estoy de acuerdo con todo tu argumento. Hay una o dos personas en la multitud que asocian la desnudez con el sexo, ¿y qué? Por favor, no generalices basada en eso. Yo vivo y trabajo en Alemania. Los saunas de algunos de los baños termales en toda Alemania son mixtos y la desnudez es la norma. Allí puedes ver cuerpos con todo tipo de formas y grados de "dotación". Allí asiste gente de todas las edades y sí, también niños acompañados por sus padres o abuelos. Para mí, esto significa salud emocional y psicológica, mucho mejor que mi propia experiencia cuando yo era niño. Antes de descalificar, experimenta primero. Realmente es liberador sentir el viento y el sol sobre mi cuerpo y nadar libremente en el agua. Esta es una de las razones por las que viajo cada verano a las maravillosas playas del Mar Báltico".
  • Hazlit (Vancouver, Canada, en relación con el comentario de Scientella de Palo Alto):
"Aunque no estoy en desacuerdo con el punto de vista de Scientella, en relación a que la sexualidad y la desnudez van de la mano, pero ¿por qué tiene que ser esto catalogado automaticamente de "depredatorio"? El sexo y la desnudez son AMBOS partes normales del comportamiento humano. Si un hombre tiene una erección en un vestuario lleno de otros hombres (lo cual es muy poco probable) ¿como podría ser eso depredador?".


Fuente consultada:

jueves, 10 de marzo de 2011

Las relaciones de pareja con diferencias de edad

elaciones


Este artículo es un resumen de varias publicaciones científicas y las vivencias propias de su autor y presenta una una opinión objetiva sobre las relaciones de pareja donde existe una importante brecha de edad.
I. MOTIVACIÓN
Para abordar el tema y darle foco, quiero distinguir dos escenarios entre parejas con diferencia de edad: el primero, en el que ambos son relativamente jóvenes o relativamente adultos y la diferencia de edad no supera los 10 años, y el segundo, en el que uno de los dos es bastante mayor al otro. Sobre este segundo escenario trata este artículo.
En las parejas más con brechas de edad mayores a 10 años, hay mayor distancia en cuanto a madurez, responsabilidad o experiencia de cada miembro. Ambos están en distintas etapas de sus respectivas vidas. Mientras uno es prácticamente un adolescente o muy joven, el otro es una persona adulta y, por tanto, las diferencias son más notables e importantes. No es tan sólo una cuestión física, es sobre todo una cuestión de madurez y de crecimiento personal.
Sin embargo, es fundamental aclarar que el perfil de madurez de una persona no es directamente proporcional a su edad. La madurez social, emocional, profesional e intelectual es resultante de una ecuación en donde la edad es sólo una variable, y donde la educación, los valores familiares, las experiencias individuales, los paradigmas mentales, hábitos y la religión tienen un peso mayor.
A continuación me propongo revisar algunos aspectos psicológicos y sociales de este tipo de parejas, con el objeto de sustentar una teoría y entender posibles razones de estas uniones. Sin embargo aclaro que desde mi punto de vista, creo que el amor es la expresión de la libertad plena y que siempre nos puede sorprender en sus manifestaciones, de manera que no necesariamente obedece reglas y paradigmas sociales



II. TIPOS DE RELACIONES CON BRECHA DE EDAD
II.1. Primer tipo
Hay quienes piensan que este tipo de relaciones tan sólo se deben al interés económico de la persona menor, y al deseo de rejuvenecer de la mayor. En efecto esta es una de las causas que favorecen estas relaciones. Claro que este tipo de uniones no deberíamos calificarlo de parejas, más bien de contratos mercantiles o sociales. Se dan más entre personas de alto nivel económico y social, suelen durar cierto tiempo. Esta forma de relaciones no las analizaré en este artículo puesto que han sido ampliamente ilustradas y explotadas comercialmente por la televisión, el cine y diversos géneros literarios como la novela dramática.
II.2. Segundo tipo
Hay otro tipo de parejas de edad muy distinta donde la persona menor busca en la relación de pareja que la otra persona haga “un poco” de madre (de esa madre que consuela, que cuida, que atiende) o padre (de ese padre que protege, que satisface necesidades, y abraza en momentos de miedo y desconsuelo), según sea el caso.
Este deseo es perfectamente normal, totalmente compatible con un buen funcionamiento de pareja, sumamente gratificante y hasta deseable en cualquier unión, incluidas las formadas por personas del mismo sexo. Eso sí, siempre que esta búsqueda de una actitud maternal – paternal no sea constante, rígida, que sea intercambiable y no muy marcada que raye en la dominación de uno sobre el otro
Hay casos en los que la persona menor no busca “UN POCO” a un padre sino “MUCHO”. El hambre por el amor paterno (nunca satisfecho del todo), el no haber nunca renunciado en lo más profundo a que papá sea “de propiedad privada”, sin compartirlo con mamá ni con los hermanos, lleva a un número no desdeñable de personas a sentirse atraídas por hombres 15, 20 ó 30 años más mayores que ellas. Al mismo tiempo existen personas que no asumen el paso del tiempo, que sienten que su psicología es aún joven aunque esté encerrada en un cuerpo que ya empiece a languidecer, y que no renuncian a vivir momentos vitales anteriores que las circunstancias no les dejaron experimentar.
En las relaciones en las que uno podría (por edad) ser el hijo de la otra persona probablemente existe el miedo de la persona menor a relacionarse con hombres/mujeres de su edad, a quien ven como “inestables”, o la necesidad de la persona mayor de reeditar la etapa de cuidados paternales/maternales seguramente no satisfechos en la infancia.
Hay psicólogos que opinan también que en este tipo de relaciones existe la necesidad del hombre o de la mujer, de dirigir su atención hacia personas viables sus deseos sexuales, ya que no pueden hacerlo hacia sus progenitores y descendientes (si éstos existen) respectivamente.
II.3. Tercer tipo
Otro tipo de parejas, afortunadamente quizás el más numeroso, está formado por personas que reúnen todos los requisitos para sentirse atraídos: semejantes historias personales, sufrimientos emocionales distintos (pero complementarios mecanismos para sobrellevarlos), esquemas similares de cómo debe operar una relación de pareja, estilos de hacer el amor compatibles, increíbles historias de cómo se conocieron y que desencadenaron en la unión, o inclusive la casi inexplicable atracción emocional mas allá de lo evidente y que algunos califican como “espiritual”
Este alto grado de compatibilidad les lleva a intentar una relación de pareja estable a pesar de una marcada diferencia de edad. Les guía en definitiva el amor, el sincero interés por el otro, la maravillosa experiencia de sentirse fundidos en una entidad llamada pareja. Toda relación bajo estos términos tiene el legítimo derecho a vivir estas experiencias.
Casi todas ellas son factibles siempre y cuando no ignoren las dificultades añadidas que conlleva una relación con estas características.
III. ¿QUÉ PROBLEMAS CONLLEVA ESTE TIPO DE RELACIONES?
A continuación enumeramos algunos de los ámbitos en los que se ilustra lo difícil que puede ser compartir la vida con alguien de muy distinta edad. Tomar conciencia de ello, es tener la oportunidad de manejarlos adecuadamente
  • Las Emociones: La pareja es compartir, compartir no sólo lo material, el espacio físico, la alegría o la enfermedad, sino también y quizás prioritariamente las emociones, aquello que alegra, que entristece, que hace vibrar a nuestro corazón, o simplemente inquieta. ¿Cómo podrá una persona de 60 años compartir con su pareja de 30 la experiencia de envejecimiento, de las limitaciones físicas que la edad va ineludiblemente dando? ¿De qué forma podrá compartir lo que siente hacia sus nietos, (si anteriormente tuvo otra pareja de la que nacieron hijos), con alguien que tal vez no ha sido aún madre o padre? Al mismo tiempo ¿cómo podrá el miembro más joven de la pareja compartir su todavía inmensa fuerza creativa y emprendedora? ¿O bien las discusiones con sus padres, cuando su pareja se sitúa mejor en el lugar de ellos que en el hijo / a como su pareja? ¿Cómo compartir la ilusión por un futuro mejor cuando a uno le queda casi toda la vida por delante mientras que el otro tiene casi toda ya vivida?
  • Los Celos: El manejo de esa sensación ácida de los celos, el miedo a la infidelidad de la pareja, el grado de libertad que cada uno se otorga en la relación con otras personas.... es uno de los temas delicados y potencialmente conflictivos en cualquier pareja. En las de mucha diferencia de edad se convierte en un gigante que puede terminar haciendo sucumbir la relación. El mayor, habitualmente el hombre, suele temer la presencia de rivales más jóvenes, más atractivos, con mayor capacidad sexual. Por ello las actitudes de sabotaje hacia la persona más joven son frecuentes en algunas de estas parejas, tal como favorecer que padezca una llamativa obesidad, o reforzar su inseguridad.
  • Amistades de edades y ambientes incompatibles: No se tiene el mismo tipo de amistades, ni se gusta de frecuentar el mismo tipo de ambientes a los 30 que a los 60, o a los 40 que a los 75...ésto puede privar a las personas que mantienen éstas relaciones de la satisfacción de juntar a sus amigos con su pareja, y puede producir roces y malentendidos con las amistades del otro ya que funcionan con esquemas muy distintos a los habituales para uno mismo
  • Distintas posibilidades sexuales: La sexualidad sólo termina con la muerte, pero va cambiando con el paso del tiempo. Un hombre de 60 años suele tener una necesidad sexual claramente menor que cuando estaba a punto de cumplir los 40. La necesidad de estimulación para alcanzar una erección suficiente está considerablemente aumentada, el período que necesita para reponerse tras un encuentro sexual antes de poder tener otro ha aumentado considerablemente, sus posibilidades mecánicas para ciertas posturas y juegos pueden estar mermadas...esto no es un inconveniente insalvable, especialmente si la pareja no cae en el habitual error de reducir su sexualidad a la simple penetración. Pero no cabe duda de que introduce dificultades añadidas a las de otras parejas sin tanta diferencia de edad
  • Rechazo de las familias: Con razón o sin ella es frecuente que tanto la familia de la persona más joven como la de la más mayor, no vean con buenos ojos este tipo de uniones. De no lograr que reconsideren su postura será un dolor para cada protagonista el no poder gozar de la dicha de que su pareja y su familia se encuentren satisfactoriamente, y que sus dos pilares afectivos estén “en paz”. Por otro lado no le será fácil a una persona, pongamos de 20 años, poder conectar con cuñados y cuñadas, que pueden hasta triplicarle la edad, o por poner otro ejemplo, relacionarse con los hijos de su pareja que pueden ser de su edad y aún mayores.
El rechazo familiar, dificultades sexuales añadidas, incompatibilidad de ambientes y amistades, celos, incapacidad para compartir experiencias vitales, etc. son dificultades añadidas de este tipo de relaciones, de mucho peso y requieren de uso de la sabiduría de la pareja para manejarlos
IV. DE QUE MANERA ENFRENTAR LOS PROBLEMAS DE ESTAS RELACIONES
Ante todo (y sobre todo) la pareja debe estar muy consciente la existencia de estos puntos de atención (entre otros) enumerados e la sección anterior. Ocultar un problema, no hablarlo, o adoptar posturas que tienden a negar la evidencia, no sólo no contribuye a sobrellevarlos sino que es el ingrediente para que antes o después desborden a sus protagonistas. Tanto en su formación, como de cuando en cuando en la convivencia, las parejas con mucha diferencia de edad deben pararse y revisar cada uno de estos apartados, u otros que en su caso concreto supongan dificultades.
  • Un vivo interés por las cuestiones del otro, aún cuando por la propia edad esas cuestiones “queden muy lejos” en la experiencia vital actual, será imprescindible, pero sin por ello caer en el autoengaño de creer que pueden ser vividas como propias cuestiones que sólo se pueden vivir con emoción cuando la edad y las circunstancias acompañan para ello
  • Una especial generosidad de cada uno para adaptarse al ambiente, a las amistades, al estilo del otro, es imprescindible. También habrá que aumentar el grado en que cada uno da “permiso” al otro para hacer actividades y frecuentar ambientes que le son propios y difícilmente "compartibles" con la pareja, (no hacerlo así supondría que alguno de ellos renunciase a compartir con otras personas los valores y costumbre propios de su generación y la pérdida de amistades. En definitiva la aparición de insatisfacciones emocionales de las que antes o después, consciente o inconscientemente se acusaría a la pareja)
  • Aprender a satisfacer sexualmente al otro siguiendo sus esquemas, su ritmo, y sus preferencias, alternando los estilos y las concesiones. Lo primero que tendrá que hacer cada uno será informarse de las particularidades que conlleva la edad de su pareja, así por ejemplo un hombre de 60 años, necesita una mayor estimulación, y más directamente aplicada a su pene, que un hombre de 30, para lograr una buena erección. O cualquier persona de uno u otro sexo puede tener dificultades anatómicas para realizar el amor en determinadas posturas que no le resultaban difíciles con la edad que tiene su actual pareja. Por otra parte aquello que sexualmente es ampliamente aceptado en la generación joven actual, por ejemplo el sexo anal, puede ser tabú para muchas personas que pertenecen a una generación anterior (el diálogo, la comprensión, cierta renuncia y un progresivo acercamiento a las costumbres del otro son, en todas las parejas pero especialmente en las de mucha diferencia de edad, algo imprescindible)
  • Por otro lado el miembro más joven de la pareja debe dar al de más edad una especial seguridad afectiva, dejarle claro su amor incondicional, señalarle cuántos motivos honestos tiene para quererle. Esta es la mejor forma de reducir el miedo que provocan los rivales más jóvenes, y por consiguiente, los inevitables celos, o de reducir el miedo o la incertidumbre del miembro mayor a que con el pasar del tiempo, cuando el menor haya satisfecho sus necesidades sobre “la seguridad” o “la protección” que le brinda la relación y el sexo sea menos frecuente, busque una pareja contemporánea y este se vea abandonado y sin opciones para rehacer su vida. La persona menor debe estar consciente que su pareja estará evaluando esto constantemente y si no están claras estas garantías, el mayor en un acto de supervivencia emocional, pedirá el rompimiento
V. RECOMENDACIONES FINALES
  • Jamás dejes de lado las dificultades añadidas en este tipo de relación. Conocerlas y aceptarlas es empezar ya a manejarlas efectivamente.
  • Como decía un gran pensador, “la única constante en el universo es el cambio”, y por mas fuertes que sean los lazos emocionales hoy, en el futuro eso puede cambiar, de manera que la honestidad y la buena comunicación son los pilares fundamentales de este tipo de relaciones.
  • Es importante no sentir vergüenza ni esconderse de amigos o familiares aunque noten cierto rechazo por parte de ellos o duda sobre su amor. No hacer caso de los comentarios de los demás y disfrutad y fortalecer de su relación.
  • En la relación, sólo los dos son los únicos que pueden saber qué es lo que sienten y si realmente están enamorados. Defended su amor y luchar por la relación, no permitan que nadie se interponga.
  • Es natural que su relación despierte curiosidad y que hablen sobre ustedes y los motivos que los han unido, pues no es habitual encontrar una pareja con tanta diferencia de edad. Muchas personas tienen la costumbre de opinar sobre los demás y, en este caso, sobre tu relación, aunque apenas los conozcan. No dejar que los comentarios de los demás, personas siempre ajenas a una relación que es de dos, los afecten.
  • En caso de fuertes dificultades un experto en temas de pareja puede ayudarte.

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    Fuentes:
      Trinidad Aparicio Pérez - Psicóloga Clínica
        Esteban Cañamares - Psocólogo Clínico y Sexólogo